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La plaza Tahrir se convierte en un campo de trincheras

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La plaza Tahrir se convierte en un campo de trincheras

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La violencia se dispara en Egipto. Los enfrentamientos entre partidarios y detractores del presidente Hosni Mubarak se han recrudecido este jueves mientras el país continúa navegando a la deriva.

El ejército apenas se mueve y las piedras han dejado paso a cócteles molotov y disparos que podían oirse a en los aledaños de la gran plaza.

El caos es absoluto. Según el gobierno sólo hay ocho víctimas mortales, aunque podrían ser muchas más, ya que nadie puede contrastar esa información. El número de heridos, según fuentes hospitalarias, se eleva a al menos mil quinientos. Muchos de ellos en estado muy grave-

Las noticias llegan con cuentagotas. La prensa desplazada sobre el terreno denuncia una persecución orquestada por los fieles al presidente Mubarak y muchos enviados especiales han decidido abandonar el país ante la falta de protección por parte de las autoridades. Varios reporteros han sido agredidos y a otros se les ha retirado el pasaporte y confiscado su material de trabajo.

La comunidad internacional ha vuelto a condenar la violencia instando al presidente Mubarak a escuchar las peticiones de la oposición e iniciar inmediatamente una transición pacífica, sin esperar a las elecciones fijadas para después del verano. Aunque el mandatario se niega a dimitir.

El toque de queda comenzó a las cuatro de la tarde, hora central europea, aunque nadie lo respeta y el ejército no hace nada para imponerlo. La noche, por tanto, se anuncia larga.

Para este viernes la oposición ha vuelto a convocar una macro manifestación similara a la que pudimos ver el pasado martes en el centro de la capital. Se espera que más de doscientas mil personas respondan al llamamiento.

El escenario volverá a ser la plaza de la Liberación, el centro neurálgico de la revuelta y el principal foco de enfrentamientos desde que los partidarios de Mubarak entraron en acción. Testigos presenciales aseguran que entre ellos se encuentran centenares de policías armados y vestidos de civil con el objetivo de cerar el caos. El gobierno nombrado por Mubarak asegura que las fuerzas de seguridad se mantienen al margen, aunque al mismo tiempo han prometido una investigación para esclarecer los sucedido y depurar responsabilidades si ello fuera necesario.