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La onda expansiva de la revuelta tunecina

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La onda expansiva de la revuelta tunecina

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Durante décadas han callado, pero desde hace semanas, se expresan con todos los medios a su alcance: han perdido el miedo y salen a la calle para decir a sus dirigentes que la partida ha terminado. El mundo entero los observa.

Del Magreb al Golfo Pérsico pasando por Oriente Próximo, el pueblo se levanta, contagiado por el efecto dominó que desencadena la caída de la primera ficha:

Túnez: gobernado por Zine el-Abidine Ben Ali durante 23 años. Diez millones de habitantes, de los que el 42% tiene menos de 25 años y un índice de paro del 13,3%.

El 14 de febrero, los tunecinos festejan su victoria: han conseguido que Ben Ali se vaya del país. La actitud del Ejército tunecino, que se niega a disparar contra la multitud, resulta determinante en el desenlace.

“Quiero lanzar un mensaje a todos los pueblos del mundo-dice esta argelina- no temáis a los dictadores”

El mensaje cala inmediatamente en Egipto, gobernado por Mubarak desde hace 29 años.

85 millones de habitantes, más de la mitad, jóvenes. El índice de paro oficial ronda el 9%.

Durante 18 días, los manifestantes toman la plaza Tahrir: resisten a la carga de los pro Mubarak, y al toque de queda impuesto por el Ejército, que tampoco aquí impone la fuerza.

Los manifestantes desoyen las promesas y las concesiones de Mubarak. El 11 de febrero, ganan el pulso. El dictador dimite. La plaza de Tahrir se convierte en la plaza de la Victoria.

El eco de la insurrección llega también a Argelia, el otro gran país árabe con 35 millones y medio de habitantes, la mitad jóvenes y un 10,3% de paro.

Pese a los controles de la policía, los argelinos osan. Un pequeño grupo pide públicamente la renuncia de Bouteflika, pero también tienen otras reivindicaciones:

“Queremos una Argelia libre, señala este argelino una Argelia democrática. Por eso estamos aquí hoy”

Las protestas arrecian también en Libia, bajo el férreo yugo de Gadafi desde 1969. Seis millones y medio de habitantes, la mitad jóvenes, y un índice de desempleo desconocido.

El control gubernamental no impide que los jóvenes suban a internet imágenes como esta: los manifestantes reclaman la liberación de un defensor de los derechos humanos. Las protestas contra el régimen son excepcionales en el país, rico en petróleo.

Las protestas tampoco son frecuentes en Jordania, donde reina Abdalá II desde el 99. Seis millones y medio de habitantes, más de la mitad jóvenes. La tasa de paro oficial es del 12,3%.

Jordania es el pariente pobre de las ricas petromonarquías del Golfo. Aquí, el coste de la vida es lo que empuja principalmente a la gente a manifestarse, pero también el deseo de reformas democráticas.

El mismo escenario que en Yemen, gobernado en solitario por Ali Abdallah Saleh desde 1978, 24,4 millones de habitantes, más del 65% jóvenes, y un índice de desempleo desconocido. Piden sin ambajes que se vayan Saleh y su familia. La oposición no se contenta con su promesa de dejar el poder en 2013.

Baréin, es el minúsculo reino que dirige Hamad Al Khalifa desde 1999. Más de un millón de habitantes, la mayoría jóvenes, y una tasa de desempleo desconocida.

Animada por los egipcios y los tunecinos, la revuelta popular se cuela en el corazón mismo del Golfo Pérsico. La mayoría chií se siente discriminada y reclama una verdadera democracia.

Contagio también en el Irán de Ahmedinejad, en el poder desde 2005. Con 75 millones de habitantes, el 65% jóvenes y un porcentaje de paro del 14,3%.

Dos años después de la represión de 2009, los opositores vuelven a desafiar al poder con protestas callejeras.