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Los motores de la revuelta Libia

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Los motores de la revuelta Libia

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Fue hace sólo cuatro días. Gadafi, arengado por la multitud, seguro de sus apoyos en Trípoli. Las protestas se concentraban entonces a mil kilómetros de allí, en el este del país.

Pero ahora la revuelta ha llegado a la capital. El más antiguo de los dictadores árabes está en el alero, y el régimen se defiende atacando. Con una sóla frase, el hijo de Gadafi lanzaba la amenaza: “Libia no es como Túnez ni como Egipto”.

Los libios sufren algunos de los males que aquejaban a sus vecinos: regímenes dictatoriales, corrupción masiva.

Pero para este representante de Human Right Watch, hay diferencias sustanciales:

Tom Porteous, portavoz de HRW:

“Lo que hemos visto en Túnez, y después en Egipto y en Baréin es que tras la ruptura inicial, las autoridades intentan llegar a un compromiso, entablan el diálogo con los manifestantes y empiezan a escuchar sus reivindicaciones.

Pero lo que está sucediendo en Libia contrasta poderosamente con esa actitud. Aquí no hay señales que indiquen que el Gobierno libio va a hacer otra cosa aparte de reprimir con dureza extrema las protestas”.

Las estimaciones sobre el número de víctimas de los últimos días, mucho más numeroso en Libia que en los países vecinos, avalan ese argumento.

Una de las diferencias cruciales es el papel del ejército.

Mientras que en Egipto y en Túnez ha conservado una cierta independencia del poder, y existe como una institución a parte entera, en Libia es más bien una milicia enteramente sometida a Gadafi. Y las fuerzas de seguridad del Coronel están decididas a luchar hasta el final.

Otra diferencia, también crucial, es la situación económica del país.

Gracias a los ingresos del petróleo, Libia ostenta uno de los niveles de vida más elevados de África.

Pero el crudo, tradicional arma arrojadiza del régimen, podría cobrar ahora una dimensión muy diferente: dos de las tribus más importantes del país, con control directo de los yacimientos de petróleo, han dejado de apoyar a Gadafi y amenazan con cortar el suministro si el régimen no cesa su brutal represión de la revuelta.

La tercera diferencia es el papel de la diplomacia occidental, que tiene mucho menos peso específico en Libia. La Libia de Gadafi, ex paria de la comunidad internacional, está mucho más aislada de las presiones exteriores.