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José Bové, de Larzac a Bruselas

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José Bové, de Larzac a Bruselas

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José Bové es un personaje desconcertante. Lo conocimos como altermundialista furioso. Lo vimos participando en un saqueo de un McDonalds en construcción, segando los campos de transgénicos por lo que fue condenado a prisión y ocupando la sede de una multinacional.

Bové está orgulloso de ser un campesino y asegura que siempre lo será. Pero desde hace casi dos años, este antiguo sindicalista agrícola ha dejado su bastón de pastor en Larzac, en el suroeste de Francia. José Bové es hoy eurodiputado y asume sin complejos su nuevo papel.

“No tengo la impresión de haber vendido mi alma al diablo. Al contrario, tengo la impresión de estar en el lugar correcto en el que se toman las decisiones. No he renunciado a los combates que considero importantes sobre el terreno. Actualmente participo, por ejemplo, en la lucha contra las perforaciones de gas de esquisto, contra esos permisos inconcebibles otorgados a las multinacionales. Yo creo que es esencial combinar la lucha local con la movilización a nivel europeo e internacional”, dice.

Sin vértigo al poder, este antiguo revolucionario ha conseguido entrar en la gran maquinaria institucional. Los que lo conocen aseguran que es un eurodiputado aplicado y asiduo.

Euronews lo ha seguido durante un día de Sesión Plenaria en Estrasburgo. En su pequeña oficina, Bové y sus dos asistentes consultan rápidamente el programa de la jornada antes de que empiece el maratón.

“Hay que entender los mecanismos y sobre todo ser eficaz. Es cierto que uno se puede despistar fácilmente en el Parlamento. Hay muchos temas que tratar. Así que necesitamos fijarnos objetivos precisos.

“Cuando llegué a la Eurocámara yo tenía un objetivo muy claro, la agricultura y el comercio internacional y esa es mi actividad principal”, nos explica.

Siempre ocupado, no es fácil seguirlo. José Bové persigue sin cansancio su objetivo: cambiar el sistema desde dentro, todo lo que se pueda. Elegido como eurodiputado ecologista en 2009 Bové es hoy vicepresidente de la Comisión de Agricultura. Un puesto clave para este defensor incansable de los campesinos.

A la salida del hemiciclo, lo encontramos charlando con el jefe de los verdes, Daniel Cohn-Bendit, con quien tuvo profundas diferencias en 2005 durante la campaña para el referéndum sobre la Constitución europea en Francia.

“Algunas de sus críticas no era totalmente erróneas. Nosotros pensábamos: a pesar de lo que él denuncia, podemos seguimos avanzando. Mientras, él, decía: a pesar de los avances no podemos votar a favor. El problema no era estar de acuerdo en todo, el problema era crear un espacio político común en el que pudiésemos luchar de manera conjunta, en que pudiésemos discutir cuando pensábamos diferente”, asegura Cohn-Bendit.

A José Bové le gusta puntualizar: lo que denunciaba en 2005 era un modelo de producción y no por ello es un anti europeo.

“Yo soy ante todo un federalista, soy alguien que cree que hoy el mayor obstáculo en Europa son los Estados nación que bloquean el avance europeo. Está claro, por ejemplo, cuando hablamos de presupuesto comunitario, menos del 1% del PIB de los 27. Es ridículo. Los Estados tienen que entender que el futuro de los 500 millones de ciudadanos europeos pasa por un verdadero presupuesto y, por lo tanto, por una Europa federal”, afirma.

Durante la pausa para comer, Bové tiene una cita en el centro de Estrasburgo, en una taberna tradicional alsaciana. Entre bocado y bocado, Bové anima un debate con periodistas locales y europeos.

En la agenda del debate: los transgénicos, la especulación de las materias primas y el cambio climático. Bové anuncia en primicia que él será el encargado de realizar un informe sobre los abonos que utilizan los agricultores. Ante los periodistas, Bové se muestra dócil. En el pasado su sobreexposición mediática le trajo algún que otro problema.

“Si no estás presente te dicen que no estás sobre el terreno, te lo reprochan. Pero si te ven varias veces en la televisión te dicen sólo se te ve a tí. El problema es encontrar un equilibrio. Y eso es lo que intento hacer, estar presente, mostrando lo que hago, de acuerdo con la actualidad”

Y hoy Bové ha venido a hablar justamente de un libro recientemente publicado sobre su carrera. Un libro basado en entrevistas mantenidas con el periodista francés Jean Quatremer en el que Bové explica su visión sobre Europa.

“Tiene ese lado de Asterix, con su bigote, es un hombre que participa en actos muy mediáticos, como desmontar un McDonalds, segar los OGM, es muy simple, tiene un lado blanco y otro negro, a los medios de comunicación les horroriza el gris. Pero las cosas son muy claras, él utilizó ese lado caricaturesco. Fué muy útil, a los ciudadanos les gusta ver a alguien con quien identificarse, alguien simple, nada complicado. La complejidad no ayuda a la identificación”, explica Quatremer.

Volvemos al Parlamento Europeo para asistir a una reunión del grupo de trabajo sobre Oriente Próximo. El antiguo embajador francés en Naciones Unidas, Stephane Hessel, es el invitado de la reunión además de un gran amigo de Bové y de los ecologistas. Hessel nos habla de este eurodiputado militante.

“Creo que hay mucha gente muy pertinente que no consigue nada. Pero también hay algunos impertinentes, y cuando encontramos a uno hay que seguirlo porque su impertinencia nos va a ayudar a encontrar el camino hacia los verdaderos valores”, dice Hessel.

Son las ocho de la tarde y la jornada de trabajo de Bové todavía no ha acabado. Tiene una cita en un barrio sensible de Estrasburgo para apoyar a los candidatos ecologistas de cara a las elecciones locales. Una reunión en la que Bové vuelve a asumir su papel de revolucionario al que debe buena parte de su éxito.