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El reto de la tuberculosis infantil en Europa

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El reto de la tuberculosis infantil en Europa

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La tuberculosis sigue siendo una amenaza para la salud de los niños en Europa. La tuberculosis infantil es difícil de diagnosticar y de curar. ¿Por qué es tan compleja, y qué hay que hacer para evitar que esta enfermedad se extienda?

Les presentamos a Jarvis, un gran amante del deporte. Vive en Glasgow. Recientemende se curó de lo que al principio se identificó, erróneamente, como un asma, una neumonía o un problema cardíaco. Los médicos tardaron nueve largos meses en diagnosticar correctamente su problema.

“Al principio, me quedaba sin aliento”, explica Jarvis, “No tenía mucha energía, y tenía una tos muy mala. A veces me dolía el pecho. Entonces, veriguaron que era tuberculosis, así que estuve sin ir al colegio un par de meses, y tuve que tomar muchas medicinas”.

La tuberculosis infantil parece ser tan poco frecuente en algunos países que muchos pediatras no consiguen diagnosticarla, a menos que el paciente proceda de un grupo de riesgo. Es un claro ejemplo de falta de conciencia, según la doctora Beate Kampmann, una gran especialista en la materia: “Creo que lo primero que hay que pensar en el caso de Jarvis es que nadie había pensado realmente en un diagnóstico de tuberculosis, y es muy difícil determinar la batería de pruebas que podrían ser útiles si no te has planteado de verdad la tuberculosis como parte del diagnóstico diferencial. La tuberculosis en Europa, creo yo, se percibe como una enfermedad que prácticamente ha desaparecido. La gente no cuenta con ello entre los adultos, y aún menos en niños, porque los casos de niños con tuberculosis en Europa son poco frecuentes, aunque encontramos áreas donde hay bastantes”.

Aunque la incidencia de la tuberculosis en la ciudad de Jarvis no es alta, él se contagió, posiblemente a través de una profesora de su escuela que había enfermado un año antes. Lo triste es que ni las vacunas existentes, ni las pruebas individuales son fiables al 100%. Es mucho más difícil diagnosticar tuberculosis en un niño que en un adulto: los niños, generalmente, no tienen mucha saliva con suficientes bacterias para que el análisis sea concluyente. Para realizar un diagnóstico correcto, los pediatras deben montar un rompecabezas enorme de multitud de piezas.

“Eso empieza antes de nada pensando que la tuberculosis puede ser una posibilidad, y a partir de ahí, pensar si el niño ha estado expuesto a un caso de tuberculosis, incluso si fue hace tiempo, y, tirando del hilo, invertigar a fondo, teniendo en cuenta si el niño tiene los síntomas que encajan en el diagnóstico de la tuberculosis. Éstos pueden ser poco específicos, como pérdida de peso, tos… Que estos síntomas sean crónicos es a menudo muy revelador. Y después, avanzar en busca de un diagnóstico microbiológico, buscar muestras de saliva, intentar cultivar las bacterias”, explica Beate Kampmann.

Los expertos afirman que todavía hace falta mucha investigación para mejorar los métodos de diagnóstico, encontrar sustancias eficientes que acorten la duración de la terapia, y crear mejores vacunas que protejan contra más formas de tuberculosis. Hoy se están probando una serie de posibles vacunas, en laboratorios como el de Kampmann: “En nuestro laboratorio hemos estado experimentando con un nuevo antígeno, que formará parte, esperamos, de una vacuna BCG mejorada. Intentaremos ver si los niños en diferentes situaciones pueden responder a estos antígenos”.

La mejor prevención de la tuberculosis infantil es el tratamiento precoz de los pacientes adultos. En eso insiste Davide Manissero, coordinador del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades, con sede en Estocolmo. Esta agencia tiene como misión velar por la salud y la seguridad de los ciudadanos europeos, controlando la propagación de enfermedades infecciosas: “Dentro de la UE, la tuberculosis infantil plantea retos más allá del diagnóstico y el tratamiento. Tenemos una oportunidad sin precedentes de centrarnos en la tuberculosis infantil para evitar la transmisión dentro de las fronteras de la Unión Europea. La mayoría de los niños que desarrollan la enfermedad en la UE se contagian dentro de las fronteras de los estados miembros, normalmente a partir de un adulto. De ahí que la detección precoz y un tratamiento adecuado de los casos en adultos puedan evitar su transmisión a niños”.

Esta tarea, prevenir la tuberculosis infantil, diagnosticarla y tratarla eficazmente, supone un desafío en todos los países europeos. Cada niño tiene que tomar diariamente un montón de medicinas diferentes. En total, más de mil pastillas en los seis meses que, en general, dura el tratamiento.

Las pastillas no son lo ideal para los niños: pueden ser difíciles de tragar, y a veces tienen efectos secundarios como vómitos. Desgraciadamente, por ahora no hay alternativas disponibles.

En un mundo globalizado, ninguna región puede sentirse completamente segura: con libertad de movimiento, es imposible evitar la propagación de la enfermedad de una región a otra.

La eliminación de la tuberculosis en Europa y en él resto del mundo sólo será posible con un conjunto de esfuerzos internacionales. No sólo por parte de la medicina: Las difíciles circunstancias sociales y económicas de algunos de los niños más vulnerables a la tuberculosis es otro aspecto clave, como explica Manissero: “Una cosa que tenemos que destacar es que en la última década, 40.000 niños han desarrollado tuberculosis en la Unión Europea, 3.300 sólo el año pasado. Detrás de cada caso hay un niño que representa un enorme reto, en términos de diagnóstico y tratamiento. Tenemos que avanzar en el desarrollo de un diagnóstico mejor, no sólo de la tuberculosis en adultos, sino particularmente en la detección y el tratamiento de la tuberculosis en niños. Asimismo, tenemos que desarrollar fármacos mejores y más adecuados para ellos, que puedan hacer que el tratamiento les resulte menos doloroso y menos duro”.

www.ecdc.europa.eu