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Las promesas incumplidas de Bachar el reformista

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Las promesas incumplidas de Bachar el reformista

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Una década en el poder…una década de esperanzas defraudadas. El presidente sirio, Bachar al Asad, tenía 34 años y reputación de reformista cuando toma las riendas del país el 17 de julio de 2000.

Aunque fue elegido presidente en un referéndum en el que él era el único candidato, su llegada al poder fue recibida con los brazos abiertos por amplios sectores de la sociedad: empezaba la primavera de Damasco.

Y sin embargo, el joven oftalmólogo es heredero del régimen autoritario instaurado por su padre, el general Hafez Al Asad, muerto en junio de 2000.

El régimen sirio se apoya en el partido Baas, en el poder desde el golpe militar de 1963.

Desde entonces, la ley de urgencia ha estado vigente en el país.

Hafez Al Asad, que a su vez encabeza un golpe de Estado en 1970, la mantiene. Apodado el León de Damasco, al Assad dirige el país con mano de hierro hasta su muerte.

Durante la Guerra Fría, se alineó con Moscú. Su política estuvo marcada por su intransigencia con Israel.

Para perpetuar su dinastía, Hafez al Asad había preparado a su hijo Basil para el poder. Pero la muerte de éste en un accidente de tráfico en 1994 obliga al hermano menor, menos carismático, a tomar el relevo.

Casado con una economista, Asma Akhras, la pareja insufla aires de modernidad en una Siria anclada en el inmovilismo. En 2007, Bachar es reelegido para un segundo mandato de siete años.

Sus reformas políticas no han salido adelante, la libertad de expresión sigue estando vetada

y las reformas económicas, con el fin oficial del intervencionismo estatal en beneficio de una economía social de mercado, no ha conseguido encauzar el paro.

El 50% de los empleos dependen del sector público. Una vez más, sólo la élite se beneficia de la apertura económica y sólo unos pocos pueden por tanto, creer en el futuro del país.