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Las tristes y solitarias noches de Fukushima

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Las tristes y solitarias noches de Fukushima

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El temor a la radiación ha cambiado completamente las costumbres en esta localidad japonesa a setenta kilómetros de la central nuclear accidentada.
 
El servicio de trenes sigue sin funcionar desde la catástrofe del once de marzo. Tras un día de trabajo, la gente se apresura a volver a casa. Las tiendas y los bares cierran antes.
 
“La ciudad se ha vuelto muy solitaria. Durante el día hay mucha gente. Pero por la noche no se ve a nadie. Fukushima era una ciudad en la que la gente salía a beber, pero ya no. Y si vas a un bar, cierran a las diez para ahorrar energía.
 
Algunos restaurantes solo conservan el diez por ciento de la clientela, que ha cambiado el menú por temor a la contaminación de algunos alimentos.
 
Este hombre, dueño de un local, cree que el treinta por ciento de los bares de la zona tendrán que cerrar.
  
Fukushima, una ciudad fantasma al caer la noche. Para muchos, con una maldición: la de un nombre asociado para siempre y para todos al peligro de radiación nuclear.