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Gbagbo y Ouattara: 25 años de rivalidad

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Gbagbo y Ouattara: 25 años de rivalidad

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Laurent Gbagbo y Alassane Ouatara, dos hombres completamente opuestos.

El primero, a la izquierda en la pantalla, de origen modesto. Socialista y católico. El segundo, a la derecha, procede de una familia acomodada, es liberal y musulmán.

Gbabo juega la carta del anticolonialismo, Ouattara comulga con las consignas del FMI, donde trabajó.

Contra todo pronóstico, la muerte del padre de la independencia, en 1993, les acerca.

Félix Houphouët-Boigny había nombrado primer ministro al economista Ouattara. El sindicalista Laurent Gbagbo éra su peor enemigo…la piedra en el zapato del régimen.

Pero tenían un enemigo común: Henri Konan Bédié, el sucesor de Felix Houphouët-Boigny.

Gbabgo y Ouattara se incorporan en el Frente Republicano y boicotean las presidenciales de 1995 pero la maniobra no funciona.

Cuatro añós después, ambos aplauden entusiastas el golpe del general Gueï que apea del poder a Bédié:

“El presidente Henri Konan Bédié ya no es presidente de la República de Costa de Marfil”

Pero Ouattara y Gbagbo alimentan ambiciones personales.

“Esto no es un golpe. Es una revolución apoyada por todo el pueblo marfileño.”

Las relaciones se envenenan cuando Alassane Ouattara es excluido de las elecciones presidenciales de octubre de 2000 con el pretexto de que no es 100% marfileño.

El camino queda despejado para Laurent Gbabo, que gana los comicios con más del 52% de los apoyos. Alassane Ouattara no le perdona nunca la zancadilla.

De hecho, Gbagbo siempre se ha mostrado convencido de que su rival estaba detrás del golpe fallido contra su gobierno en noviembre de 2002.

Ouattara siempre ha negado su implicación en los hechos, pero 2002 marca la ruptura definitiva.

Una rivalidad que nutren sus mujeres. La de Ouattara, francesa, ha hecho fortuna en el sector inmobiliario y la ha puesto al servicio de la ambición de su marido.

La otra es musa y número dos del partido de Gbagbo…su ex compañera de lucha y según muchos, el hueso duro de roer del régimen.

Ellas simbolizan el antagonismo entre la población que sigue anclada en la cultura africana y los defensores de la mundialización.