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Gbagbo, el malabarista

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Gbagbo, el malabarista

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Laurent Gbagbo, nacido en 1945 en el seno de una familia modesta, comenzó su carrera política en la cárcel.

Sindicalista y opositor, Gbagbo siempre ha logrado sus objetivos, dando la vuelta a las situaciones y a sus alianzas a su conveniencia.

Cuando el pasado octubre se presentó para renovar su mandato, estaba lejos de imaginar el veredicto de las urnas.

Su recorrido político comienza en la década de los 70. Por entonces tiene un ideal, el sindicalismo, y un enemigo, Houphouet Boigny, padre de la independencia.

Profesor de historia, sus clases, consideradas subversivas le convierten en enemigo del régimen.

Tras varios periodos en la cárcel y un exilio forzado en Francia, Gbagbo vuelve a la escena política de la mano del responsable de su encarcelamiento: Alassane Ouattara, con quien encabeza un boicot activo de las presidenciales de 1995 contra el heredero de Boigny, Henri Konan Bédié.

Bédié había inventado el concepto de “marfilismo” que Gbagbo finge combatir… antes de usarlo contra su ex carcelero y ex aliado, Alassane Ouattara.

Cuando el general Gueï se hace con el poder mediante un golpe de Estado en 1999, cuenta con el apoyo de Gbagbo y Ouattara de nuevo aliados circunstanciales.

Pero durante el escrutinio de 2000, Gbagbo recupera el famoso concepto del marfilismo, contra el que teóricamente había luchado, para eliminar a sus adversarios de la carrera hacia la presidencia.

Sólo quedan él y Guei, que pierde y descubre la amplitud del poder de manipulación del nuevo presidente.

Los comicios hacen resurgir el antagonismo entre el sur, cristiano y el norte musulmán.

En 2002, aprovechando un viaje oficial a Italia de Gbagbo, los rebeldes del norte, presuntamente dirigidos por Ouattara, intentan dar un golpe de Estado.

El país cae en la guerra civil y queda bajo protección de Naciones Unidas. Contra todo pronóstico, Gbagbo consigue mantener el poder.

En 2003 firma bajo la égida de Francia el acuerdo de Marcoussi para poner fin al conflicto.

Gbagbo lo presenta como un remedio amargo, pero necesario, pero por detrás, no deja de criticarlo y hace lo posible para sabotearlo.

El fin de la violencia no llega hasta 2007…una vez más Gbagbo intenta apuntarse el tanto:

“Estoy feliz porque el país ha recuperado la unidad, y eso es lo que siempre he buscado”

Sin embargo parece evidente que Gbagbo no será recordado como un líder que luchó por la unidad de su país, sino como un gran manipulador que ante todo, buscó su beneficio personal.