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Desunión europea ante la inmigración

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Desunión europea ante la inmigración

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El conflicto interno de la UE sobre política migratoria estalla violentamente el pasado 11 de abril, cuando el ministro del Interior italiano, Roberto Maroni amenaza con dar portazo a la UE.

Ese día, los 27 hablan en Luxemburgo de la llegada masiva de inmigrantes a Lampedusa.

Italia quiere que esos inmigrantes sean considerados refugiados que han huído de una zona en conflicto y sean acogidos en la Europa de los 27.

Pero la Unión Europea niega su solidaridad a Roma, completamente desbordada por la llegada de 23 mil clandestinos a la isla siciliana en enero.

La Liga Norte presiona a sus aliados gubernamentales. Italia decide extender permisos de residencia de seis meses que permiten a sus titulares dejar el suelo nacional y dirigirse a otros países de la Unión Europea, según los acuerdos de libre circulación.

Michele Cercone, portavoz de la Comisión Europea:

“Los permisos de residencia que ha concedido Italia a los inmigrantes irregulares no les permitirán automáticamente viajar por la zona Schengen.

Los titulares deben cumplir todas las condiciones requeridas para entrar en un Estado del espacio Schengen: documentos de identidad válidos, tener un nivel mínimo de recursos y no ser una amenaza para la seguridad pública.”

Pero Francia y otros países de la Unión Europea, como Bélgica, no reconocen la validez de esos documentos y aseguran que las condiciones estipuladas por Bruselas no se están cumpliendo.

Melchior Wathelet, secretario de Estado interino belga para asuntos de inmigración y asilo:

“Esa actitud es inaceptable. Italia tiene hoy por hoy seis veces más población y tres veces menos solicitantes de asilo que Bélgica.

Aunque cada país quiera arreglárselas para que los inmigrantes no se queden en su territorio y se vayan a otros países, lo que está haciendo Italia crea desconfianza entre los diferentes países y al mismo tiempo incita a revisar un cierto número de controles.”

El pulso entre Roma y París se enconó el domingo, cuando Francia decidió suspender temporalmente el servicio de trenes procedentes de Italia para frenar la entrada de inmigrantes.

A un año de las presidenciales y con el auge del populista Frente Nacional como telón de fondo, el gobierno de Sarkozy quiere dejar claro que la política de mano dura no es negociable.