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Pakistán, un dudoso aliado

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Pakistán, un dudoso aliado

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Las circunstancias de la muerte de Osama Ben Laden han sembrado la desconfianza en las relaciones entre Pakistán y Estados Unidos.

Wajid Shamsul Hasan, Alto Comisario pakistaní para Gran Bretaña, asegura que su país está ahora en el punto de mira.

“En la mayoría de los casos hemos facilitado información, y aún así, hemos recibido golpes bajos. Ahora todo el mundo dice: “deberíamos hacer más preguntas a Pakistán, ¿por qué no sabían que Osama estaba allí?”“

La invasión soviética de Afganistán en 1979, supuso el comienzo de una serie de programas de asistencia militar de Washington a Islamabad.

Pakistán recibió 3 mil millones de dólares para armar a la resistencia afgana. El Congreso Americano extendió una prórroga al final de la guerra, en 1988, para continuar con el apoyo.

Diez años después, los primeros ensayos nucleares de Pakistán enfrían las relaciones entre los dos países. El Presidente Clinton anula una visita programada y cierra el grifo. No hay más ayudas.

En octubre de 1999 las relaciones se complican con el golpe de estado del General Musharraf. La cooperación con los estadounidenses se limita a la lucha contra la droga.

En nombre de la estabilidad regional el nuevo gobierno apoya a los talibanes, en el poder en Afganistán.

Washington sospecha que Islamabad protege a Osama Ben Laden, líder de Al Qaeda y presunto cerebro de los atentados de agosto del 98 contra las embajadas estadounidenses en Tanzania y Kenia.

Tras los atentados del World Trade Centre de Nueva York todo cambió. Musharraf, temeroso de que Washington le pida que presione a los talibanes para entregar a Ben Laden cambia de estrategia, poniendo sus bases militares a disposición del ejército estadounidense.

Durante diez años, Washington aporta 20 mil millones de dólares en ayudas financieras o directas a Pakistán para armamento, asegurando así su cooperación.

Pakistán lo paga caro: la población huye de los combates en las fronteras, llegan olas de refugiados afganos, se multiplican los atentados islamistas, y además, sufren los errores de los aviones de combate estadounidenses.

A pesar de todo Estados Unidos nunca ha confiado plenamente en este conveniente aliado.

En Julio de 2010, Wikileaks reveló que desde 2007 Washington sospechaba que Pakistán podría estar jugando a dos bandas, apoyando a los islamistas. Islamabad siempre lo ha desmentido.