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Mubarak: el destino del raïs caído

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Mubarak: el destino del raïs caído

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El destino de Hosni Mubarak quedó sellado el pasado 11 de febrero. A bordo de este helicóptero, y ante los ojos incrédulos de la población agolpada ante su residencia, abandona el poder, su rango, sus riquezas, su vida. Era el final del raïs que dirigió los destinos de Egipto durante tres décadas.

A 81 años, el presidente caído no tiene otra opción que huir y prepararse para confrontar a sus compatriotas. Ayer, el anuncio de que será juzgado no suscitó precisamente compasión en las calles del Cairo:

“Sí, creo que debería ser juzgado. Tanto si sus acciones son buenas como malas, es su derecho. Pero tienen que juzgarle por lo errores que ha cometido”

“Merece una pena severa. No es suficiente llevarle ante el Tribunal Criminal, porque nos ha robado durante 30 años, nos ha robado la vida y el bienestar del país”

En enero, la población egipcia sigue el ejemplo de sus vecinos tunecinos que acaban de provocar la caída de Ben Ali. A lo largo de los días, se suceden las manifestaciones reclamando libertad, democracia y la salida de Mubarak.

La plaza Tahrir, en pleno centro del cairo, se convierte en el símbolo de la revolución.

Tras lograr la caída del raïs, al cabo de tres semanas de movilización, los egipcios deciden no quedarse ahí: han ganado pero quieren que Mubarak sea juzgado.

En abril, vuelven a echarse a la calle para exigir que el expresidente se siente en el banquillo.

Sobre Hosni Mubarak y sus dos hijos, Gamal, et Alaa pesan los cargos de asesinatos con premeditación, pero también de abuso de poder para enriquecerse.

También se investiga a su mujer: se calcula que durante los últimos 30 años la familia ha amasado una fortuna de miles de millones de dólares.

Los dos hijos de Mubarak esperan el momento de ser juzgados en la cárcel de Tora. Están acusados de corrupción y de haber pagado sicarios para matar opositores al régimen.

Los egipcios no están dispuestos a perdonar la muerte de 846 personas durante las manifestaciones ni treinta años de desigualdades sociales: mientras la familia Mubarak se enriquecía, la pobrece y el paro alcanzaban cifras sin precedentes.

Si durante años Hosni Mubarak ha sido el todo poderoso líder de Egipto, símbolo de la grandeza y la estabilidad del país, para la nueva generación, la de las redes sociales que ya no tiene miedo a hablar, encarna la arrogancia del poder.

Para estos jóvenes su paso por los tribunales es innegociable. hasta hace poco poderoso entre los poderosos, Mubarak será juzgado como un vulgar criminal y podría ser condenado a la pena de muerte.