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G8: ¿una institución necesaria?

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G8: ¿una institución necesaria?

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El G8, un club muy cerrado que nació en 1975 ¿sigue teniendo razón de ser? Además de ofrecernos imágenes de la fraternidad reinante entre los grandes, ¿qué utilidad real tienen estas reuniones, ahora que la influencia de los países desarrollados en la economía mundial disminuye?

Para este analista, lo importante no es el G8, sino el G20, porque, señala, la ausencia de los países emergentes es un sin sentido. “China, India y Brasil se han convertido en actores significativos de la economía global, y es un poco chocante que no estén presentes para abordar asuntos que les incumben”, destaca Alan S. Alexandroff.

Y con las cifras en la mano, es evidente que el peso de los grandes países industrializados disminuye. En 1990, Estados Unidos garantizaba una cuarta parte de la actividad económica mundial, mientras Rusia, China, India y Brasil juntos, sólo un 10%.

Pero en 2014, se preveen cambios: Estados Unidos garantizará menos del 20% y los llamados BRIC una cuarta parte del PIB mundial.

Desde la crisis financiera de 2008, que el G8 no supo ni preveer ni evitar, los detractores de la institución son cada vez más numerosos.

Para muchos el futuro es el G20, aunque algunos analistas señalan que de todas formas, el interés del G8 es muy distinto. Patrick Wintour de The Guardian:

“Tal vez tengan que reconsiderar lo que hace el G8 y volver al planteamiento inicial, que no era emitir comunicados masivos sobre los acontecimientos mundiales en ruedas de prensa interminables, sino más bien reunirse y conocerse mejor para establecer una confianza personal entre sus miembros”, asegura Patrick Wintour de The Guardian.

Una teoría que se confirma cada año; cada cumbre es también un pretexto para reuniones bilaterales con mejores o peores resultados. Para muchos, es una razón suficiente para mantener a flote la institución que refuerza los vínculos entre los países, al menos a nivel político. Alain Faujas, Le Monde:

“Por ejemplo, el G8 de Evian posibilitó que Chirac volviese a hablar con Georges Bush. Puede parecer una tontería, pero es muy importante que haya reuniones aparentemente inútiles pero que hacen que la gente se hable” explica Alain Faujas de Le Monde.

El movimiento que desatan las reuniones del G8, con miles de participantes y de periodistas que lo cubren, los manifestantes que se oponen a las reuniones y los policías y soldados que garantizan la seguridad del evento, no logran esconder la grave crisis de identidad que sufre la institución desde hace años.