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Alemania busca alternativas a la energía nuclear

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Alemania busca alternativas a la energía nuclear

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El 26 de abril de 1986, el accidente en la central soviética de Chernóbil sume al mundo en la angustia. Un argumento más para movilizar a los antinucleraes en Alemania.

Desde 1973, el movimiento es muy organizado y virulento. Por aquel entonces, uno de sus caballos de batalla es el armamento nuclear. En la década de los 90, centra su combate en el transporte de residuos nucleares.

La energía nuclear siempre ha suscitado debate en Alemania, pero el detonante que ha empujado al gobierno de Angela Merkel a renunciar a ella de aquí a 2022 es el accidente de Fukushima.

La pregunta que se plantea ahora es cómo reemplazarla completamente en cuestión de once años.

Actualmente, Alemania consume un 43% de carbón, un 22% de energía nuclear, un 18% de energías renovables y un 14% de gas.

El país apuesta por aumentar al 35% el porcentaje de las energías eólica, solar, geotermica o hidroelectrica de aquí a 2020.

Por ahora despunta la eólica, que representa el 6% de la producción eléctrica.

La energía eólica offshore ofrece inmensas posibilidades, pero para desarrollarla hay que ampliar la red eléctrica para conducir la corriente, y esa operación es extremadamente cara.

En cuanto a las energías fósiles, Alemania es una gran consumidora de carbón; sus centrales garantizan casi la mitad de la producción bruta. Pero ni la extracción ni la utilización de esa energía son muy ecológicas: más carbón en el futuro quiere decir menos posibilidades de alcanzar los ambiciosos objetivos de reducción de gases de efecto invernadero…

Alemania también corre el riesgo de aumentar su consumo de gas, sobre todo procedente de Rusia. Al no producir, el país tiene que importar, lo que aumentará su dependencia energética.

El gobierno mantendrá un reactor en situaciàon de standby en caso de que las energías renovables no consigan responder a la demanda energética en invierno y por si los combustibles fósiles no logran suplir un eventual déficit.

Aunque no está del todo claro qué alternativa resultará más eficaz, una cosa es segura: renunciar a la nuclear tendrá un coste colosal para Berlín: hasta 40 mil millones de dólares, según la prensa alemana.