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Potocari, de zona segura a ratonera

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Potocari, de zona segura a ratonera

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Cuando las fuerzas serbobosnias de Mladic entraron en Srebrenica, en julio de 1995, Fadila Efendic se unió a los miles de civiles que se refugiaron en la base de los Cascos Azules en Potocari, a las afueras de la ciudad, buscando la protección de los soldados de la ONU.

Poco después de su llegada, Mladic ordenó encerrar a las mujeres en una fábrica justo al lado de la base de los Cascos Azules holandeses.

“Parecía omnipotente. Era un soldado decidiendo quién iba a vivir y quién no. Fue él quien sentenció a muerte a nuestros hombres y a nuestros niños. Ordenó a sus soldados que les mataran a todos. Si realmente hubiesen querido juzgarle, le habrían detenido hace 16 años”

Antes de ser extraditado a la Haya para ser juzgado por genocidio, entre otros cargos, Mladic acudió al cementerio donde está enterrada su hija, que se suicidó durante la guerra con la pistola del exgeneral.

Kadira Gabeljic, que aún busca los restos de sus hijos, sólo vive para tener esa posibilidad:

“He estado buscando a mis hijos desde hace 16 años. Recuperé el cadáver de mi marido, pero ¿dónde están mis hijos? sólo ha aparecido la cabeza y una de las piernas de mi hijo mayor. Del pequeño, sólo he recuperado una pierna y parte de la otra. Voy a tener que esperar años, tal vez muera antes de haber logrado recuperar los cadáveres enteros”

El protagonista de una imagen escalofriante que conmocionó al mundo, un niño a quien Mladic tranquilizó horas antes de que comenzara la masacre de Srebrenica, recuerda como si fuera hoy las palabras del exgeneral. Izudin Alic:

“Recuerdo que me dio una chocolatina. Fui con otros niños y yo cogí la chocolatina que me dio Ratko Mladic.”

Cuando le preguntó su edad, Izudin, que tenía 8 años, mintió y dijo que tenía 12. No sabía que esa mentira estuvo a punto de costarle la vida.

Lo único que queda ahora de los hombres de la familia son estas fotos que la madre de Izudin lleva a todas partes.

“Lo tendrían que haber detenido antes. No se debería haber escondido. Debería haberse entregado hace mucho”

Su padre consiguió huir junto con otros hombres de Srebrenica, pero las tropas de Mladic los capturaron pocos días después. Sus restos aparecieron en una fosa común. Ahora está enterrado en Potocari