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Libia y Siria: la misma represión, dos baremos

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Libia y Siria: la misma represión, dos baremos

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La llamada primavera árabe no ha conseguido doblegar ni a Muamar el Gadafi ni a Bashar al Assad.

Los dos dirigentes que accedieron al poder en condiciones muy diferentes, el primero con un golpe de Estado hace 42 años y el segundo tras la muerte de su padre, hace 11, siguen resistiendo.

Son dos estilos de gobierno muy distintos que viven ahora una situación similar: represión brutal, amenaza de guerra civil, pero la comunidad internacional aplica dos baremos distintos:

Hasta hoy los occidentales ni siquiera han conseguido aprobar una resolución de condena de la ONU contra Damasco, y por supuesto, ni se aborda una posible intervención militar

Es ante todo una cuestión de imagen, de reputación. Cuando el joven Assad hereda el poder, tiene una cierta fama de reformista, modernizador, dispuesto a abrir su país manteniendo relaciones diplomáticas con Occidente.

Justo lo contrario que Gadafi, considerado istriónico, excesivo y peligroso. Sus relaciones con los europeos han estado marcadas por años tormentosos y, en las últimas décadas, un sonada reconciliación borrada de un plumazo por la actitud cerril del Coronel desde el principio de las protestas en Libia.

Pero lo cierto es que tanto en Libia como en Damasco la represión de las protestas ha sido brutal. Los casos individuales, como el de este joven sirio de 13 años arrestado por manifestarse y muerto tras un mes de torturas, dan la medida del horror. La represión contra la revolución ha alcanzado el punto de no retorno, pero en el caso de Siria, sin condena internacional desde el 15 de marzo hasta ahora. La cuestión geoestratégica no es ajena a ese silencio.

Ricardo Bocco, del IHEID de Ginebra:

“El seísmo desencadenado por el cambio de régimen en Egipto no ha sido digerido aún, y existe el temor de que el fin del régimen sirio provoque una desestabilización regional. Dicho de otra forma, las alianzas del régimen sirio con Irán , Hezbollah y Hamas hacen temer una crisis regional”

Libia en cambio, cuenta a sus aliados con los dedos de una mano. La influencia regional de Damasco es lo que restringe el margen de maniobra de la comunidad internacional, pero además, el poder sirio esgrime la amenaza de la islamización del país si cae el régimen.

Assad y Gadafi, amigos desde hace décadas, se apoyan mutuamente e intentan proyectar la imagen de líderes que no ceden al yugo occidental. Pero según los observadores, no juegan en la misma liga: Gadafi resiste por orgullo desmesurado, y Assad porque ha comprendido que el mundo no les ha metido en el mismo saco.