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Crecimiento y estabilidad, bazas electorales de Erdogan

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Crecimiento y estabilidad, bazas electorales de Erdogan

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La opinión pública europea descubrió a Recep Tayip Erdogan tras la aplastante victoria de su partido en las elecciones de 2002.

La llegada de los islamistas moderados al poder suscitó no pocas inquietudes, reforzadas por las primeras apariciones públicas de la mujer de Erdogan con velo. Para la oposición el partido en el gobierno estaba cuestionando abiertamente el laicismo del país.

Pero sólo dos años después, esos temores parecían haberse esfumado. En 2004, se abren las negociaciones de adhesión a la Unión Europea.

Un enorme triunfo para Erdogan que había hecho del acercamiento a Europa la prioridad absoluta de su agenda política.

Una agenda que según sus allegados comenzó a fraguar tras su paso por la alcaldía de Estambúl, en 1994.

Su carrera política despega con el nuevo milenio, tras reformar el movimiento islamista de Turquía y reconvertirlo en una versión musulmana de las democracias cristianas del sur de Europa.

Con sus viajes, el nuevo primer ministro turco busca dar visibilidad internacional a su país.

En el plano interno, su principal logro fue sortear la grave crisis de 2000 y 2001 con recetas neoliberales y dar a Turquía estabilidad política y crecimiento económico.

El pasado septiembre, Erdogan hizo una serie de reformas constitucionales encaminadas a silenciar una parte de las críticas de Bruselas. Y si las críticas sobre el papel político del Ejército han ayudado a Erdogan a acotarle el terreno a los militares, otras exigencias europeas, como reforzar los derechos de las minorías, siguen pendientes.

Los kurdos, por ejemplo, reconocen avances que califican de superficiales, pero denuncian una radicalización del discurso nacionalista del primer ministro.