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Bachar el Asad, ¿títere del sistema?

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Bachar el Asad, ¿títere del sistema?

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Había prometido una nueva era, pero tras once años en el poder, Bachar el Asad no sólo no ha llevado a cabo las reformas anunciadas, si no que además ha lanzado una sangrienta campaña de represión contra su propio pueblo.

El joven oftalmólogo de formación que no estaba destinado a suceder a su padre, no ha tardado en comprobar que en el sistema sirio que puso en marcha Hafed el Asad, abrir, reformar y liberar es una fórmula imposible, porque el Estado que dirige es más poderoso que él.

Hafez Al Assad llegó al poder en 1970, tras un golpe de Estado en el seno del partido Baas.

No sólo no rompió con el régimen, sino que aumentó su dimensión represiva y se esforzó por controlar cada sector de la sociedad através de un vasto aparato policial y de información y mediante la instauración del culto a su personalidad, a la soviética.

Durante treinta años de represión, raras son las voces que se atrevieron a alzarse contra el todopoderoso dirigente primero, y contra su sucesor después…hasta la llamada “Primavera Árabe”.

Muy al principio de la revuelta, Bachar contempla una tímida apertura e incluso el levantamiento del estado de excepción, en vigor desde el 63.

Pero casi inmediatamente después opta por la firmeza, como deja patente en su discurso ante el Parlamento en mayo.

Imposible saber si en última instancia, fue rehén del sistema establecido por su padre, dominado y controlado por la minoría alauí que acumula privilegios económicos y políticos.

Un sistema familiar sólidamente mantenido por cuatro hombres fuertes:

Maher, el hermano de Bachar, controla el ejército y las milicias del partido Baas, Assaf Chawkat, su cuñado, es el número uno de los servicios secretos, y los hermanos Makhlouf, primos de Bachar: uno es jefe de los servicios de seguridad de Damasco y el otro es el director de Syriatel y símbolo de la corrupción del clan en el poder.

Muchos analistas consideran que Bachar no es más que una marioneta de un régimen que algunos quieren mantener a toda costa.

empezando por la minoría alauí que ha construido un imperio gracias a sus privilegios, la minoría cristiana, y hasta una parte de la burguesía suní que también se ha beneficiado de la política de apertura económica.

En el plano internacional, la influencia regional de Damasco es mayor que la de Túnez, Libia y hasta que la de Egipto.

Sus vínculos con Irán, Hamas y Hezbolá le garantizan un cierto peso, además, el poder sirio esgrime la amenaza de la islamización del país si cae el régimen.