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Las reformas pendientes de Mohamed VI

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Las reformas pendientes de Mohamed VI

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Mohamed VI accede al trono a la muerte de su padre, el rey Hasan II, el 23 de julio de 1999.

Los notables del reino juran lealtad al nuevo monarca en una ceremonia de acatamiento que le oficializa como decimoctavo monarca de la dinastía alaouí y trigesimosexto descendiente directo del Profeta Mahoma.

En el exterior del palacio, el pueblo llora al rey muerto, pero el joven sucesor, portador de esperanzas de cambio, modernidad y reformas, desata pronto el entusiasmo.

Una de sus reformas principales es el nuevo código de la familia adoptado en 2004, que da a las mujeres prácticamente los mismos derechos que a los hombres pese a la hostilidad de los islamistas radicales.

El repudio se hace más difícil, la poligamia es estrictamente controlada y se posibilita el divorcio.

Ese mismo año, rehabilita a las víctimas de los “años de plomo” con la amnistía de varios presos, pero Mohamed VI se niega a denunciar a los torturadores y a pedir excusas oficiales.

Pero esa voluntad reformista y de guiar la transición democrática es limitada. Mohamed VI es un monarca constitucional de misión divina; es la máxima autoridad religiosa y acumula además

amplias prerrogativas políticas. En él recae el verdadero poder en detrimento del gobierno y del Parlamento, que no son más que órganos de registro.

La Constitución de 1992 le autoriza a disolver el hemiciclo y puede cesar al primer ministro.

Pero los marroquíes no se quieren parar ahí. Desde principios de 2011 piden más democracia y más igualdad económica y social. Piden incluso que el rey reine, y no gobierne.

Presionado por la población, Mohamed VI anuncia al país la creación de una comisión para reformar en profundidad la Constitución.