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Alberto deja atrás 53 años de soltería

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Alberto deja atrás 53 años de soltería

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Alberto el discreto, el tímido, el hijo de, el hermano de…Alberto el solterón recalcitrante con mil aventuras, pero siempre secretas, ha terminado cediendo.

A sus 53 años, y tras diez de relación intermitente con Charlene, ofrece a Mónaco una princesa y quién sabe, tal vez un heredero.

Segundo hijo de la mítica pareja Gracia-Rainiero, Alberto tiene 24 años y acaba de concluir sus estudios de políticas en Estados Unidos cuando la tragedia se abate sobre el principado: la princesa Gracia muere en un accidente de tráfico.

Desde entonces, Alberto se instala en Montecarlo y se prepara poco a poco y con la ayuda de su padre para la función oficial que un día le tocará ejercer: la de príncipe de Mónaco.

Mientras la vida de sus hermanas ocupa semana tras semanas la prensa del corazón, poco o nada de sabe de la personalidad y costumbres del heredero discreto.

Su hora llega en 2005, cuando muere Rainiero tras 56 años en el trono monegasco.

A mediados de los 90, cuando su salud empezó a flaquear, Rainiero llegó a pensar en abdicar en su hijo, muy popular en el principado y cada vez más implicado en la gestión de los asuntos cotidianos, pero a Alberto le faltaba algo: seguía soltero, desesperadamente soltero. Y siguió siéndolo cuando se convirtió en el decimocuarto príncipe de Mónaco.

A partir de entonces, el joven que los monegascos aprecian por su cercanía y sencillez se hace más visible en la escena internacional. Estrena su vida de jefe de Estado militando por su pasión: la defensa del medioambiente.

Siempre deseoso de defender el principado, Alberto rechaza la etiqueta de paraíso fiscal vinculada a Mónaco e intenta corregir la imagen según él demasiado estereotipada que proyectan el palacio, el casino y el turismo de lujo.

Deportista confirmado, participó varias veces seguidas en los juegos olímpicos en el equipo monegasco de Bosbleisgh. También ha practicado yudo, atletismo y esquí.

Pero la ecología es su principal pasión. En 2006, creó la Fundación Príncipe Alberto II de Mónaco dedicada a su protección y el mismo año dirigió una expedición al Polo Norte para alertar a la opinión pública del recalentamiento climático.

En 2000, Alberto conoce a Charlene, una joven nadadora sudafricana, pero el flechazo no es inmediato. En 2003, nace Alexander, fruto de su aventura con una azafata togolesa. Tres años después, el monarca oficializa su relación con la deportista, y desde se momento, no se vuelven a separar.