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Astaná traza su futuro

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Astaná traza su futuro

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Astaná, una de las ciudades más originales de Asia Central. La capital de Kazajistán ha acaparado la mayor parte de las inversiones del país desde que hace trece años, las autoridades decidieron convertirla en la capital kazaja en detrimento de Almatý.
 
Nurlan Baimurzaev, residente de Astaná: 
 
“Esta parte de la ciudad ha sido construida sobre una zona desierta. Han bastado siete años para ver todo esto. Todos aquellos que tienen ambiciones y desean ofrecer un futuro a sus hijos no dudan en venir a instalarse aquí, es la mejor ciudad del país.”
  
Hace poco más de una década, Astaná era tan sólo una pequeña ciudad industrial en medio de la estepa.
 
Ha hecho falta construir todo, de los edificios administrativos al Parlamento pasando por miles de inmuebles necesarios para alojar a la creciente población: 700.000 habitantes, más de la mitad que a principios del milenio.
 
 
 
De aquí a 2030, el censo podría alcanzar el millón de ciudadanos, según las autoridades. Un desafío urbano.
 
 
Sarsenbek Zhunussov, jefe arquitecto de la capital: 
 
“Actualmente, hay falta de alojamiento para acoger el flujo masivo de funcionarios y de familias que vienen a instalarse aquí. La tasa de natalidad es muy alta. La población es muy joven y debemos aumentar la superficie del parque inmobiliario.”
 
 
Astaná se ha convertido en la plataforma económica del país. Numerosos inversores privados atraidos por la inmensa riqueza de su subsuelo no se interesan por ella. Aunque las autoridades desean diversificar la economía de la principal potencia energética de Asia Central. La receta: ventajas fiscales como las que se aplican en la Zona Económica Especial de Astaná. Meder Maselov es su director:
 
“Hemos instaurado un régimen fiscal especial que permite a los inversores implicados en la construcción beneficiarse de exoneracines fiscales y arancelarias. Les facilitamos, también, el empleo de mano de obra extranjera. Medidas con las que hemos atraído unos 10.000 millones de dólares, más de la mitad proviene de inversores extranjeros.”
 
Si al principio Astaná daba la sensación de ser una capital fría y artifical, en los últimos años, las autoridades se han esforzado en darle un aspecto más humano. Prueba de ello, un centro comercial construido a la manera de un yourte, una tienda de campaña utilizada por los nómadas kazajos. Un edificio concebido por el arquitecto Norman Foster. 
 
Mientras las temperaturas afuera varían entre los  35 grados y los 40 grados bajo cero, en el interior y gracias a sistemas que utilizan la energía solar, la temperatura se mantenie estable.
  
Uno de los edificios emblemáticos de la capital, es la Pirámide de crital, obra, también del arquitecto británico Norman Foster. Un modelo de inspiración para muchos artistas locales como Dastan Bissen: 
 
“A nivel arquitectónico es una ciudad muy interesante. Los muros de cristal funcionan como espejos y esto ofrece perspectivas magníficas. Las siluetas se reflejan en la fachada así como las nubes que atraviesan el cielo.”
 
¿Cómo definir la identidad de una ciudad cuya etimología fue cambiada en 1998 y significa literalmente “Ciudad Capital”? Una capital elegida lejos de las fronteras y, por lo tanto, lejos de las tensiones. Una ciudad que brilla a ojos de la juventud. 
  
Alexander Kim, bailarín: 
 
“Astaná es la ciudad del futuro, con todas sus oportunidades. Es un sitio donde todas los sueños pueden convertirse en realidad, para nosotros es la ciudad del futuro.”

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