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Tailandia: ¿la hora de Thaksin Shinawatra?

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Tailandia: ¿la hora de Thaksin Shinawatra?

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La reconciliación de los tailandeses: es la prioridad del ex primer ministro Thaksin Shinawatra, cuya hermana acaba de ganar las elecciones. Desde su exilio en Dubai, el millonario depuesto por los militares hace cinco años se muestra paciente.

Thaksin Shinawatra:

“No tengo prisa por volver, quiero que primero se produzca una reconciliación, y si se logra esa reconciliación y puedo ser parte de la solución, allí estaré, pero si voy a ser parte del problema, no iré”.

Efectivamente, la figura de Thaksin Shinawatra divide profundamente al país. Está condenado en rebeldía por terrorismo, por su presunto apoyo a las manifestaciones en la primavera de 2010. Cerca de cien mil de sus partidarios, los “camisas rojas”, ocuparon Bangkok durante dos meses para reclamar elecciones anticipadas antes de ser dispersados por el Ejército.

Los enfrentamientos dejaron 92 muertos y 1.800 heridos.

La crisis había comenzado en septiembre de 2006, cuando el Ejército tailandés dió un golpe de Estado contra el gobierno de Thaksi, que había sido reelegido en 2005 tras una primera victoria en 2001.

Pero las acusaciones por corrupción que pesan en su contra desencadenan manifestaciones multitudinarias de los “camisas amarillas”. El Ejército, apoyado por el Partido Demócrata y las élites adineradas y monárquicas, aprovecha esas protestas para intervenir.

En 2008, poco después de la victoria electoral de sus partidarios, Thaksin Shinawatra vuelve de su exilio londinense para hacer frente a las acusaciones de corrupción contra él y contra su ex mujer.

Probablemente, convencido de que el caso va a cerrarse pronto.

Pero los tribunales, cuyo poder se vió reforzado con la nueva Constitución apoyada por los militares, no pasan página.

El Tribunal Supremo acaba condenándole en rebeldía a penas de cárcel y le congela sus bienes.

Desde entonces, no ha vuelto a Tailandia, pero sigue siendo adorado por una parte de las masas rurales, y detestado por quienes consideran que es peligroso para la monarquía y prefieren verle lejos de Bangkok.