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Días de vino y otras cosas

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Días de vino y otras cosas

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La semana pasada fue crucial en el tira y afloja permanente entre los intereses de los grupos industriales y los de los consumidores. El escenario principal de este ‘enfrentamiento’ fue el Parlamento Europeo.

Siguendo con el símil, los árbitros serían los eurodiputados, aunque a veces surjan dudas más que razonables sobre su imparcialidad. De hecho, una de las iniciativas que se tramitaron en Estrasburgo fue el Código de Conducta de los parlamentarios para frenar las situaciones de conflicto de intereses.

El pleno de la Eurocámara de la semana pasada estuvo cargado de votaciones de esas que afectarán a nuestras vidas de forma muy concreta.

La normativa sobre cultivos transgénicos, un intento de conseguir que los países miembros puedan cobrar las multas por infracciones de tráfico cometidas en otro Estado de la UE… y en la Comisión se propuso una ambiciosa normativa para terminar con los abusos de las llamadas en itinerancia, el llamado roaming.

También se aprobó la propuesta de la Eurocámara sobre el etiquetado de los productos alimentarios. Una de las decanas de la legislación que empezó a debatirse en 2008.

Mi primera sorpresa fue que la industria del alcohol quedaba exenta de la normativa. Cuando entre en vigor, allá por 2015, seguiremos sin poder leer en la etiqueta cuantas calorías tiene esa cerveza, un buen whiskey o el vodka ya mezclado con naranja que se vende tan bien entre los jóvenes.
Las asociaciones de consumidores, que han puesto toda la carne en el asador en conseguir esta regulación, me explicaron que es una guerra sin cuartel: cada país miembro tiene una bebida alcohólica nacional que defender y se trata de una industria con tradición cultural y mucho peso económico en Europa, o lo que es lo mismo, con mucho poder.

Dice el dicho que la curiosidad mató al gato. Yo de momento sigo vivo pero decidí llamar a representantes de la industria para saber qué tenían que decir al respecto.

Desde las asociaciones de la industria vinícola (en su mayoría españolas y francesas) argumentan que sería difícil y caro dar información nutricional precisa de un producto que está vivo y cambia cada año.

Además recuerdan que el sector se compone en gran parte de pequeños productores para los que realizar análisis y el etiquetado resultaría una carga demasiado pesada.

También hablé con la industria de las llamadas ‘bebidas espirituosas’ (Siempre me pareció curioso este término). El representante del ‘lobby’ del alcohol con el que hablé me dijo que sus productos “no se pueden poner al mismo nivel que un paquete de cereales o a una botella de leche”.

No están de acuerdo en cómo presentar la información nutricional. Con la nueva normativa habrían tenido que dar los valores calóricos, de azúcares, etc. relativos a 100 ml., lo que supone unas cuatro dosis. Me dijo que indicar esa proporción incitaría al consumidor a beber más de lo deseable.

Por último entrevisté a Marianne Skar, secretaria general de Eurocare, un grupo de presión para las políticas europeas sobre el alcohol. No promueven una ‘política abstemia’ en Europa (reconocen la importancia cultural e histórica de alcohol el el Viejo Continente) sino una regulación responsable.

La organización lamenta otra oportunidad perdida de informar más a los consumidores sobre el alcohol. Además recuerda que la industria lleva escapando a este tipo de regulación ¡desde 1978!

Skar nos enseño un modelo de botella con advertencias sanitarias e información nutricional preparado por una asociación de consumidores.

Renate Sommer, la Eurodiputada ponente de la legislación sobre las etiquetas en alimentos pertenece al Club de la Cerveza, un lobby en el interior del Parlamento Europeo (existe otro similar sobre el vino).

En Eurocare consideran que su condición de vicepresidenta de esta organización pone en cuestión su imparcialidad a la hora de elaborar la legislación sobre las políticas del alcohol. Además denuncian que durante la tramitación de la norma han invitado a Sommer a numerosos actos y han pedido reunirse con ella para explicarles su posición y la eurodiputada nunca ha aceptado las invitaciones.

Tardaron en responder, pero finalmente el gabinete de la parlamentaria me explicó en un escueto email que Sommer aceptó entrar en el club de la cerveza porque quieren tener una representación lo mas amplia posible de las regiones y países cerveceros, y que ella viene de una región alemana famosa por la calidad de su cerveza. En cuanto a Eurocare, reconocen haber recibido invitaciones y peticiones y aluden a problemas de agenda.
¿El hecho de que Sommer sea vicepresidenta del club de la cerveza del Parlamento Europeo ha podido influir en el hehco e que la nueva legislación europea sobre el etiquetado no incluya al alcohol, como sugiere Eurocare? No lo sé.

Lo que sí sé, y me sorprendió bastante, es que la respuesta que dio la eurodiputada a nuestra compañera Maria Piñeiro en Estrasburgo es casi palabra por palabra, la misma que me dio por teléfono el representante de la industria de bebidas alcohólicas.

En el video (solo en inglés, lo siento) también están las declaraciones del comisario de Salud y Políticas del Consumidor John Dalli y parte de nuestra conversación con Marianne Skar de Eurocare.

A disfrutar con moderación.