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No queda ni rastro de la tumba del que fuera mano derecha de Hitler, Rudolf Hess. Las autoridades bávaras la han desmantelado, a menos de un mes de que se cumplan 24 años de su muerte el próximo 17 de agosto, para evitar un año más concentraciones de neonazis. Los restos mortales de Hess serán incinerados y sus cenizas esparcidas en el mar.

“Está bien que la hayan desmantelado. Esperamos que los neonazis no vuelvan”, ha señalado Barbara Schenk, vecina de Wunsiedel, localidad en la que descansaban los restos de Hess.

“Es un gran alivio para nosotros. No teníamos nada que ver con las manifestaciones, pero cada año teníamos problemas con el tráfico y evitábamos llevar a los niños a la ciudad”, ha dicho Sabrina Koestler-Schoepf, residente en Wunsiedel.

La tumba de Hess se había convertido en lugar de peregrinaje para la ultraderecha. En ambientes neonazis era considerado una especie de mártir. La prohibición, en 2005, del Parlamento federal de toda concentración en dicho lugar no logró evitar nuevos actos provocadores de la ultraderecha.

Rudolf Hess, lugarteniente de Hitler, se suicidó a los 93 años en su celda de la cárcel de Spandau, tras más de cuarenta años de encierro.

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