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Vencer al Galibier o morir en el intento

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Vencer al Galibier o morir en el intento

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Llega el “monstruo” alpino. El pelotón del Tour de Francia asciende el “temible” Galibier. Para conmemorar el centenario del primer contacto de la ronda francesa con el “coloso” los organizadores de la carrera han previsto este año un espectáculo fantástico para los aficionados y terrorífico para los ciclistas: el fin de etapa más alto en la historia de la prueba.

Como declara Bernard Thévenet, antiguo ciclista y dos veces campeón del Tour, “el Galibier es un puerto mítico, temido por los corredores porque es muy largo, muy duro y siempre ha sido selectivo”.

La relación de la legendaria cima con la carrera comenzó hace ahora 100 años. Henri Desgrange lo descubrió para el Tour y Émile Georget tuvo el honor de ser el primero en la historia de la gran prueba por etapas en ascender sus pendientes sobre una bicicleta. Una hazaña para el recuerdo.

“En los primeros años pasar por el Galibier era algo terrible. Las primeras ascensiones del pelotón al puerto, como ocurrió en 1911, por ejemplo,

resultaban abominables. Aquello no era una carretera sino un simple sendero. La gente pasaba por allí para ir a trabajar al campo. Había barro, piedras, hoyos enormes… Muchos ciclistas tenían que completar buena parte de la subida a pie”, añade Thévenet.

Nunca una etapa del Tour había terminado a tanta altura: 2645 metros. Como en las más épica de las batallas, la etapa de este jueves, la decimoctava del presente Tour de Francia, se ha convertido en una duelo en el que los grandes favoritos tienen

que vencer o morir en el intento. El Galibier no perdona.

“No creo que quien desfallezca en la primera ascensión vaya a tener tiempo de recuperar el terreno perdido en el segundo paso por el puerto en la etapa del viernes. Es muy duro y muy largo así que hay que saber gestionar muy bien el esfuerzo. Hay que guardar energías para el final porque los últimos kilómetros son muy exigentes, tanto en la llegada de este jueves como en la etapa del viernes”, sentencia Bernard Thévenet.

Si ya de por sí, la cima alpina asusta, la lluvia y el frío e incluso la nieve caída estos últimos días, pueden convertir el ascenso del pelotón en un auténtico infierno. Como este jueves y el viernes no aparezca el sol, los ciclistas van a vivir algunos de los momentos más duros, si no los más terroríficos, de su carrera deportiva.