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El futuro nuclear de Japón

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El futuro nuclear de Japón

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La electricidad de origen nuclear aumentará en el mundo pese al accidente de Fukushima.

Así lo ha afirmado el director general del Organismo Internacional para la Energía Atómica Yukiya Amano, en su reunión con el primer ministro japonés, quien por su parte, aboga por una eliminación progresiva de las centrales nucleares japonesas.

Yukiya Amano:

“Hay muchos países reconsiderando la necesidad de las centrales nucleares, como Alemania, por ejemplo. Pero debido a factores como el calentamiento climático, la demanda de energía nuclear aumentará gradualmente. Lo importante es que el OIEA se comprometa a garantizar la seguridad”

Ayer, Amano visitó las instalaciones de Fukushima, donde constató los avances de los trabajos de limpieza.

Cuatro de los seis reactores de la central resultaron gravemente dañados por el tsunami del 11 de marzo, pero aún se necesitarán diez años para desmantelarlos.

El accidente, el más grave en la industria nuclear civil en 25 años, dió un frenazo a los reactores japoneses. Ya sea por precaución, o porque resultaron dañados, sólo 16 de los 54 reactores japoneses siguen operativos. Un revés importante dada la dependencia japonesa de la energía nuclear, que antes de Fukushima suministraba el 30% de la electricidad. El lobby nuclear considera irrealista el objetivo de alcanzar un 50% en 2030.

Además, la opinión pública japonesa ha dado la espalda a esta energía desde que el accidente de Fukushima puso de manifiesto los peligros de la radiación y las dificultades para controlar los reactores dañados. Y aunque en la calle son pocos manifestándose, los sondeos revelan que el 70% de los electores apoyan al primer ministro, Naoto Kan, cuando aboga por un futuro menos dependiente del átomo y del petróleo mediante el desarrollo de las energías renovables. Pretende que Japón se convierta en un líder mundial en este sector.

En pocas semanas, Japón aprobará probablemente una ley fomentando el consumo de electricidad de origen renovable. Pero sigue habiendo obstáculos que impiden cambios radicales, como la enorme deuda del país, que hace difícil destinar fondos públicos para invertirlos en nuevas tecnologías y modernizar la red eléctrica del país.