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Mubarak enjaulado: revulsivo interno y aviso para gobernantes

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Mubarak enjaulado: revulsivo interno y aviso para gobernantes

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Para los egipcios ver a su antiguo presidente, intocable hasta ahora, en una jaula, interrogado en una camilla ha supuesto todo un revulsivo. El que fuera todopoderoso jefe del Estado sostenido por una policía omnipresente y un ejército que finalmente le volvió la espalda aglutina todas las frustraciones sofocadas durante decenios.
 
“Espero que sea condenado a cadena perpetua – dice un joven en una barriada-, no a muerte, quiero verle encarcelado”.
 
“Le queremos en prisión de por vida añade otro cairota. Nos ha hecho vivir mal mucho tiempo”.
 
Para algunos, la imagen de un Mubarak vencido y caído podría haber supuesto una dulcificación de las iras contra el que ahora llaman dictador.
Sin embargo en la calle quedan pocos rastros de simpatía al que fuera jefe del estado.
 
 
“¡Pero de qué juicio me habla! exclama un hombre maduro a la puerta de un bar en donde siguen el proceso por televisión  Aquí si cualquiera de nosotros comete un error le despellejan al día siguiente. Mubarak ha cometido multitud de delitos y nunca nadie ha sido capaz de hacérselo pagar. Esa es la verdad”.
 
El juicio contra Mubarak, sus dos hijos y el ex ministro del Interior se ha presentado como un símbolo del cambio que hasta ahora en Egipto ha sido solo superficial. Pero es toda una imagen cargada de fuerza para los ejércitos y dirigentes de otras naciones árabes con pueblos en rebelión.