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Mimouna, refugiada somalí: "No me quedaría en este infierno"

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Mimouna, refugiada somalí: "No me quedaría en este infierno"

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Mimouna es una somalí que huyó de su tierra para llegar al campamento de refugiados de Dadaab, en Kenia, el más grande del mundo. Huyó de la hambruna y de la guerra civil. No podía acceder a la ayuda humanitaria. No tenía otra opción. Acompañada de lo que le queda de familia decididó emprender el camino hacia los campamentos del ACNUR dónde viven cuatrocientas mil personas.
 
Mimouna:
“Nuestra familia siempre ha vivido de la granja y de los animales …. Pero todos murieron …..
Una buena parte de la familia huyó hacia el interior, especialmente los hombres, ya que pueden moverse con más facilidad. Tengo una nuera que perdió a su bebé durante el viaje. Ella dió a luz en un coche y el bebé no sobrevivió. Está aquí en el campamento. Una de mis hijas también. Es lo que queda de mi familia. La mitad no sobrevivió. “
 
Antes de poder instalarse, Mimouna tuvo que presentarse a una de las tres mesas de inscripción en el campamento de Dadaab. Le tomaron las huellas dactilares. Allí le dieron la cartilla de racionamiento que le permite tener un plato de comida caliente al día. El ACNUR le ha asignado una tienda de campaña y ella ha construido una cabaña al lado para dormir. Se siente mejor. El vaje de Mimouna duró 45 días y 45 noches.
 
Mimouna
“El camino para llegar hasta aquí no fue fácil, sino todo lo contrario, muy duro. Comenzamos nuestro viaje en coche, pero a la mitad del camino, caímos en una emboscada. Se llevaron todo lo que que teníamos, todo. Tuvimos que dormir a la intemperie en la carretera. Pensabamos que ibamos a morir, pero continuamos el viaje. Perdí de vista a mi nuera pero nos volvimos a encontrar cerca de la frontera con con Kenia, y nos llevaron al campamento. “
 
Farouk Atig. Euronews: 
“Así es como miles de hombres y mujeres acuden diariamente al campamento de la esperanza. Huyen de una tierra que no tienen nada que ofrecer y que padece una sequía insoportable. Estos refugiados, en su mayoría somalíes, están tratando de encontrar un sentido a su vida. Para llegar a Dadaab, han tenido que realizar un viaje de miles de kilómetros, caminando día y noche. Comienzan a vislumbrar la luz al final del túnel. “
 
Mimouna:
“Aquí se está seguro. Tenemos medicamentos y hay varias organizaciones no gubernamentales que nos ayudan. No tenemos queja. Contamos con tiendas de campaña y letrinas. El problema para nosotros es que no podemos buscar la madera que utilizamos para construir nuestras casas, como es tradicional en Somalia “.
 
En las tiendas de campaña, el calor es sofocante. Mimouna ha recogido ramas para cubrir su tienda y construir una choza, pero poco más se puede hacer. Este campamento nació a comienzos de los años 90, cuando estalló la guerra civil en Somalia. Tenía capacidad para 90.000 personas. Con el tiempo se ha convertido en una ciudad enorme, dividia en tres sectores con sus nombres respectivos: Dagar Haley, Hagardera e IFO, que a su vez se divide en tres secciones.
Varias organizaciones no gubernamentales están trabajando allí. La comunicación entre ellos es difícil. Se encargan de la atención médica básica y de la comida. Esto es lo mínimo para sobrevivir. No se proporciona asesoramiento psicológico y, sin embargo, sería necesario. Mimouna no se sabe si tendrá un futuro fuera de Dadaab.
 
Mimouna:
“Soy mayor y tengo grandes problemas de salud, el reumatismo, me provoca grandes dolores. Me siento cada vez peor. Mi salud se está deteriorando. Soy una mujer vieja “.
“No volvería a Somalia. Aquí, al menos, tenemos un poco más de seguridad, comida, no es mucho, pero es mejor que nada. Así que realmente no quiero volver a ese infierno. “