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Aumenta la presión sobre Siria, cada vez más aislada

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Aumenta la presión sobre Siria, cada vez más aislada

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Irreductible frente a la presión internacional, Bashar al-Assad, pretende ignorar al mundo.

Al comienzo de la represión, hace ya casi seis meses, al-Assad fue el blanco de la presión de Occidente. Sin sentirse aludido, el presidente de Siria ha anunciado reformas. Y mientras tanto afirma que el régimen ha sido víctima de una estrategia emprendida por los terroristas. Las armas incautadas a los supuestos terroristas han sido mostradas en la televisión estatal. Pero la presión exterior continua y se han producido acontecimientos que pueden hacer variar el discurso de al-Assad. La todopoderosa Arabia Saudí ha retirado a su embajador en Damasco.

Kuwait y Bahrein han hecho lo mismo. Qatar ya había tomado la medida a mediados de julio.

Además, Egipto y Jordania, han elevado el tono de sus críticas al régimen sirio. En El Cairo, el gobierno habla de un “punto de no retorno” con Siria.

Al Asad se va quedando aislado. El rey Abdullah de Arabia Saudí le ha exigido que detenga su “máquina de muerte”. La declaración fue difundida el pasado domingo por el canal Al-Arabiya y supone una señal que rompe con el criterio tradicional de la diplomacia saudí.

La Liga Árabe ha mostrado hasta ahora una posición más moderada. Le ha pedido al presidente de Siria que detenga inmediatamente todos los actos de violencia y los ataque contra la población civil. Su secretario general, Nabil el-Araby, se niega a adoptar medidas “drásticas”: “Por lo tanto, si usted pregunta por las acciones que va a emprender la Liga Árabe le diré que no hay ninguna acción prevista. Si usted pregunta por otras declaraciones para intentar buscar salida a cualquier problema… No sólo estoy hablando de Siria, estoy hablando acerca de cualquier problema, como Libia o cualquier otro país en el mundo árabe, no esperen medidas drásticas. Iremos paso a paso en nuestra estrategia de persuasión para intentar convencer”.

Algunos analistas, sostienen que la caída del régimen de Damasco es inevitable. Bashar al-Assad está más aislado que nunca y la adopción de nuevas reformas no han convencido ni a Occidente ni al mundo árabe. A pesar de los más de 2.000 muertos desde el pasado 15 de marzo, los sirios siguen decididos a derrocar al régimen.