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Generación 11S: la huella del trauma

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Generación 11S: la huella del trauma

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Diez años pueden pasar muy deprisa. O muy despacio. La Zona Cero intenta tener un aspecto presentable antes de este aniversario en una carrera contra reloj. ¿Pero qué pasa con los neoyorquinos? ¿Qué recuerdan? ¿Qué es lo que quieren que recuerde la nueva generación? ¿Qué sabe y piensa de todo esto la Generación 11S?

Nos reunimos con la familia de Noah en un rincón apacible de Brooklyn. El 11S, tuvieron que salir corriendo de su apartamento en el centro de Manhattan, a tres manzanas de la Torre Norte del World Trade Center.

Noah Epelbaum tenía tres meses cuando Washington y Nueva York fueron atacados por los islamistas. Jennifer, la madre de Noah, recuerda con alivio que ese día no había guardería: “Mire la verdad es que creo que es muy pronto aún. Creo que todo lo que enseñemos hoy a los estudiantes, en 25 años probablemente nos parecerá equivocado. Creo que debemos contarles lo que pasó con hechos pero sin detenernos en las imagenes”.

También la familia Lunceford se mudó más allá de Manhattan después del 11S. John y su mujer tienen tres hijas: Meredith, que cumplió diez años en julio, era solo un bebé cuando su padre vió colapsarse la primera torre desde la ventana de su casa.

Meredith no está muy al tanto pero guarda su propio recuerdo sobre la muerte de Ben Laden: “Solo sé que un avion se estrelló contra el World Trade Center, el edificio se derrumbó y mucha gente murió. Y eso es todo”.

“Creo que hemos hablado algo sobre esto dice John pero no me han formulado muchas preguntas. No es algo sobre lo que hablemos mucho y no es porque no queramos … pero no creo que debamos entrar en detalles.

“La verdad es que no vi imágenes en televisión – dice Meredith – Lo único que vi en televisión fue cuando mataron a Osama Ben Laden. Pero la verdad es que no se como matar puede cambiar algo porque lo que pasó, pasó. Así que, la verdad es que no lo entiendo”.

“Los primeros cinco años estaba muy deprimido reconoce John en el salón de su casa pensaba mucho en todo ello. Afectaba mucho a mi vida, a mi mujer y a mí, a nuestros amigos, gente a la que conocíamos. Pero ahora noto mucha diferencia”.

La Generación 11S está a la espera de una definición. Según una investigación de la Universidad de Texas, el ataque islamista habría cambiado los puntos de vista de los adolescentes sobre la vida y la política.

El 65 % se habrían vuelto más interesados en lo que pasaba en el mundo y un tercio de ellos se habrían vuelto más comprometidos cívicamente.

Natalia, una joven neoyorquina de 20 años, lo expresa con claridad: “Crecimos de golpe. Fuímos unos niños más asustados que los de la generación anterior. Somos la primera generación que ve cómo algo que pasa en Oriente Medio puede afectar a nuestras vidas. Y es difícil saber en que nos convierte esto: si nos hace más o menos tolerantes, más globalmente concienzados o más globalmente aterrorizados”.

Asimilar una tragedia colectiva como hace la población civil de Oriente Medio, de pueblos en rebelión o de países desmembrados como Irak, no es algo que pueda hacerse de repente.

La serenidad, como se dice de la verdad, es también hija del tiempo.