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Las guerras del 11-S

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Las guerras del 11-S

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Osama ben Laden, el enemigo número uno de Estados Unidos, es considerado inmediatamente el cerebro de los atentados del 11 de septiembre. El gobierno lanza una gigantesca caza al hombre que lleva al ejército estadounidense hasta Afganistán.

En el otoño de 2001, en nombre de la guerra contra el terrorismo, B-52 estadounidenses bombardean las bases de los talibanes y apoyan a las milicias de la Alianza del Norte para acabar con el régimen, acusado de proteger al jefe de Al Qaeda.

El objetivo de la guerra es capturar a Ben Laden vivo o muerto. Los estadounidenses se concentran en la región montañosa de Tora Bora, una zona tribal plagada de cuevas donde supuestamente se esconde el líder de Al Qaeda.

Pero esa estrategia resulta infructuosa.

El Pentágono se ve obligado a enviar cada vez más soldados a Afganistán, donde la guerra contra los talibanes se empantana.

Según la ONU, los seis primeros meses de 2011 fueron los más sangrientos para los civiles afganos desde el comienzo de la guerra hace diez años.

Esas muertes nutren las filas de la insurgencia talibán contra el gobierno y el odio contra las tropas extranjeras. Waheed Mojda, analista político:

“Los registros y las batidas nocturnas de las tropas extranjeras en hogares civiles afganos para encontrar a Osama ben Laden o al Mullah Omar han sido un error. Muchos inocentes han muerto o han sido detenidos”

Washington tarda diez años en capturar a Ben Laden. El líder de Al Qaeda es exterminado el 2 de mayo de 2011 por un comando estadounidense transportado en helicóptero a Abbottabad, a dos horas de carretera al norte de Islamabad.

La opreración contra Ben Laden deteriora aún más las relaciones entre Estados Unidos y Pakistán, un aliado estratégico de Washington en su guerra contra el terrorismo.

Pakistán siempre ha mantenido una postura ambigua con respecto a Afganistán y a Al Qaeda.

Muchos pakistaníes consideran a Ben Laden un héroe, como muestran estas imágenes grabadas en Peshawar poco después de los atentados del 11 de septiembre.

Pero el país también paga un pesado tributo a la guerra contra el terrorismo: 35.000 pakistaníes, de los que 5.000 eran miembros de las fuerzas de seguridad, han muerto según el primer ministro pakistaní Yusa Raza Gilani.

La onda expansiva del 11 de septiembre también llega a Irak.

En marzo de 2003, Estados Unidos lanza una operación militar que comienza con el bombardeo de Bagdad, la capital.

Acusado de poseer armas de destrucción masiva y de apoyar el terrorismo, George Bush incluye a Irak en su “eje del mal”.

George W. Bush, ex presidente de Estados Unidos:

“En este momento, Estados Unidos y las fuerzas de la coalición estan en las primeras fases de las operaciones militares encaminadas a desarmar Irak, liberar al pueblo iraquí, y proteger al mundo de una grave amenaza”

Otra guerra larga y sangrienta espera a los estadounidenses. Oficialmente han muerto 4 477 soldados, 3.524 en combate. Ocho años después aún quedan 46.000 soldados estadounidenses en Irak.

Además, el país ha gastado en las guerras de Afganistán e Irak más de 1,3 billones de dólares, según el Watson Institute for International Studies.