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Francia quiere recoger los frutos de su intervención en Libia

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Francia quiere recoger los frutos de su intervención en Libia

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Una visita relámpago y por sorpresa, un poco como la intervención de Francia en Libia.

Sea cual sea la razón que empujó a Nicolas Sarkozy a socorrer a los rebeldes de un país amigo hace sólo dos años, parece indudable que está decidido a recoger los frutos de la victoria.

El recibimiento en París a principios de mes de los dirigentes mundiales para hablar de Libia fue simbólicamente uno de los principales momentos

de gloria para el dirigente francés.

Menos de un mes después de que comenzase la revuelta en Libia, Francia fue el primer país que recibió a los miembros del Consejo Nacional transitorio, un gesto impulsado entre bastidores por el filósofo Bernard Henri-Levi.

Tras la reunión, Sarkozy reconoce el CNT, sorprendiendo incluso a su ministro de Exteriores, Alain Juppe, que no estaba al corriente.

Posteriormente, el jefe de la diplomacia francesa acude a la ONU para promover una resolución crucial: la 1973 que preve la protección de los civiles por todos los medios necesarios.

Alain Juppé:

“No podemos dejar actuar a los instigadores de la guerra, no podemos abandonar a su suerte a la población civil víctima de una brutal represión, no podemos dejar que se pisoteen la legalidad y la moral internacional”

Sólo dos días después, los Mirages 2000 y los rafale franceses surcan el cielo libio. El Ejército del Aire francés es el primero que entra en acción y destruye carros de combate y vehículos blindados libios.

La operación se pone en marcha aplaudida por la población libia, que ya había sacado las banderas francesas para agradecer a su nuevo amigo internacional su implicación diplomática en la crisis libia.

Muy criticado por su pasividad en Túnez, París recupera el prestigfio en el mundo árabe con la venia del 66% de la población francesa.

Falta por ver si ese nuevo estatus de héroe consigue salvar al presidente en las próximas elecciones y si será suficiente para que Francia se haga con los jugosos contratos petroleros en juego en Libia.

Más allá de la defensa de un pueblo y de su libertad, los beneficios que se esperan de la operación son bastante más materiales.