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El candidato de la normalidad contra la socialista disciplinada y ortodoxa

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El candidato de la normalidad contra la socialista disciplinada y ortodoxa

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“El candidato de la normalidad” está un paso más cerca de su sueño.

Falta por saber si conservará su ventaja y representará a la izquierda en las próximas presidenciales.

Una apuesta difícil, porque los dos candidatos más votados deben diferenciarse con un discurso común.

Esa es esencialmente su misión final: encarnar el cambio frente a Nicolas Sarkozy. La dificultad radica en convencer al electorado de que sólo uno de ellos puede hacerlo, sin difuminar la idea de unión. La decisión de los socialistas no se basará en las ideas, aunque cada uno tiene sus prioridades, sino en el estilo de los candidatos, y en su relación con la política.

Aubry entró en la batalla de las presidenciales un poco por causalidad. Hollande, en cambio, tíene el Elíseo en mente desde hace muchos años.

Aubry prefiere los actos a las palabras.

Aunque no es una gran comunicadora, los afiliados aprecian su experiencia ministerial, su imagen de política curtida, y su capacidad de mando.

Defiende las 35 horas laborales y quiere recuperar la jubilación a los 60.

Hollande no tiene experiencia en el poder. Su carrera política se ha forjado entre bastidores, sobre todo con el Ejecutivo Jospin.

Encarna un modelo socialdemócrata similar al del defenestrado Strauss-Kahn, pero con un perfil ajeno al lujo y el mujerío.

Al contrario que su rival, concede una enorme importancia a la comunicación y estudia minuciosamente cada uno de sus gestos…algunos aseguran que los copia directamente de Mitterrand.

Tanto una como otro ignoraban tras la derrota de 2007, que cinco años después, competirían por defender los colores de la izquierda.

Y aunque Hollande madura este proyecto desde hace años, Aubry es la que se ha mostrado más agresiva en los debates, mientras que Hollande no deja de insistir en la idea del respeto, aún a riesgo de parecer demasiado blando.

Sus programas no presentan enormes diferencias, sino matices. Aubry se ciñe al proyecto oficial del partido, con un discurso marcadamente a la izquierda. Hollande se dice el candidato del realismo económico y subraya dos prioridades: los jóvenes y la fiscalidad.

Sobre éste último punto preconiza una reforma en profundidad, mientras que para Aubry, el caballo de batalla son las exenciones fiscales.

En cuanto a los jóvenes, Hollande ha ideado el llamado “Contrato de Generación”, que Aubry ha criticado por considerarlo demasiado costoso. Su contrato del porvenir consiste en ayudar a las empresas que contraten jóvenes, y piensa pagarlo con el impuesto sobre la fortuna.