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Dresde inaugura un peculiar museo de la guerra

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Dresde inaugura un peculiar museo de la guerra

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La ciudad alemana que fue arrasada con su población civil por los bombardeos aliados en la II Guerra Mundial acoge el Museo Histórico Militar en un edificio reformado.

Una proa de acero y cristal penetra en el viejo edificio neoclásico contrariando su propia forma.

El museo histórico militar reformado por el arquitecto Daniel Libeskind presenta una visión distinta a otros, la guerra como vergüenza, como fracaso, no como gesta heróica sino como la peor cara del ser humano.

Para el director, el coronel Matthias Rogg, “a diferencia de otros museos militares aquí no nos centramos en la técnica de los acontecimientos, sino en los comportamientos humanos. El ser humano como perpetrador, como víctima o como espectador”.

En el museo pueden verse desde cascos medievales a un jeep alemán bombardeado por los talibanes en Afganistán, restos humanos que recuerdan que la realidad de la guerra es muerte, y bombas, todas las bombas presentadas como una pieza de un museo de los horrores.

El museo militar de Dresde no se ha abierto para exponer estandartes y relatos de victorias. Son 20 mil metros cuadrados para un panorama de 700 años de historia militar alemana.

El asesor técnico del museo, Gorch Pieken, explica: “Nos hemos preguntado lo que es pedagógicamente responsable y lo que no lo es; hasta que punto podemos mostrar fotografías crueles de la guerra y la muerte de personas o de animales en imágenes. Hemos llegado a la conclusión de que lo que sería pedagógicamente irresponsable es no mostrarlas porque de lo contrario saldrían de este museo con la impresión de que la guerra es algo inofensivo”

Y finalmente una exposición temporal en la que el artista Ingo Günther deja a los visitantes convertidos en sombra, en huellas como las que se vieron en las pocas paredes que quedaron en pie en Hiroshima y Nagashaki.