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François Hollande, la paciencia como virtud

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François Hollande, la paciencia como virtud

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El rival de Nicolás Sarkozy en las presidenciales se llama François Hollande. El buen chico, el amable, el discreto, el blando. Todo eso se dice de él. Pero quizá, el adjetivo que mejor le define es paciente, porque ha sabido esperar el mejor momento, hasta que su hora ha llegado.
  
“Sé que el trabajo que me ha sido encomendado va a ser duro y de una gran responsabilidad”, decía hace poco. “Debo estar a la altura. Responder a las expectativas de todos los franceses que están agotados de Nicolas Sarkozy”
  
Podría ser el momento que tanto ha esperado la izquierda para volver al poder. La popularidad del presidente está por los suelos. Pero las dudas sobre si Hollande es el hombre adecuado para hacer frente al carismático Sarkozy persisten.
  
François Hollande nace en 1954, en el norte de Francia. Su padre, médico, simpatizaba con la extrema derecha. Y su madre, asistente social, decía lo siguiente hace ocho años sobre las aspiraciones de su hijo:
  
“Desde pequeño nos decía siempre lo mismo. Decía que cuando fuera mayor sería presidente. Y nosotros nos reíamos. No le creíamos. Y todavía hoy nos cuesta creerle”
 
Nadie de su entorno le toma en serio, pero él persevera. Primero estudia en Derecho. Luego entra en la Escuela de Comercio. Después hace Ciencias Políticas y finalmente consigue acceder a la ENA, la escuela de la élite política francesa. Es allí donde conoce a Segolene Royal. 
 
La pareja tendrá cuatro hijos. Compagina la vida familiar sin abandonar la política. Los dos gravitan alrededor de Miterrand, aunque sólo ella tendrá un puesto ministerial.
 
François se convierte en el esposo perfecto, al tiempo que continúa con su labor política, eso sí, siempre en la sombra. Con el tiempo se convertirá en la mano derecha de Lionel Jospin. Pasará a su lado 11 años. Y juntos conseguirán varias victorias simbólicas, pero también derrotas muy amargas, como la de 2002.   
 
En 2007, Jospin se retira de la política. Y Hollande parece el mejor posicionado para tomar su relevo. Pero las bases prefieren a Segolene. Francois encaja el golpe con cierta decepción y se inclina ante la voluntad del partido.
 
La pareja se separa oficialmente justo después. Hollande vuela libre a partir de entonces. Durante cinco años  recorre el país, desarrolla una campaña discreta pero efectiva, pierde diez kilos y cambia de “look” para presentar su candidatura en marzo.
  
El fufuro, sin embargo, sigue siendo incierto. Hollande ha ganado la batalla en el seno de su partido. Pero la guerra por el Elíseo no ha hecho más que comenzar.