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Suiza, víctima de su propio éxito

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Suiza, víctima de su propio éxito

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La semana pasada, centenares de personas se sumaron en Ginebra y Zúrich al movimiento mundial de los indignados. A priori, en el reino de los bancos, del lujo y de la solidez económica, el descontento puede sorprender. Pero los interesados aseguran que hasta en Suiza hay razones para indignarse: desde la falta de reglas del sistema financiero hasta los dictados impuestos por los bancos privados pasando por los seguros privados, cada vez más caros.

Sin embargo, con las cifras en la mano, en pleno epicentro de la tormenta financiera mundial, Suiza sigue siendo un oasis de estabilidad.

Cuando sus vecinos europeos afrontan deudas astronómicas, la de Suiza no llega al 40% de su PIB.

El crecimiento es continuo, y la cifra de desempleo, envidiable comparada con otros países europeos.

El problema es que Suiza está siendo víctima de su propio éxito. Este verano, la crisis del franco copó la portada de todos los medios.

La fortaleza del franco suizo, considerado valor refugio, como el oro, perjudica a la Confederación en vez de beneficiarla.

En un año, el valor del franco suizo se ha disparado un 20% con respecto al euro y un 18% frente al dólar.

Tanto los sindicatos como el Banco Central se muestran inquietos. La crisis del franco amenaza cien mil empleos. Porque además de las previsiones de crecimiento reevaluadas a la baja, las exportaciones podrían caer del 7% en 2010 al 2,6% este año.

Especialmente en el punto de mira, los sectores vinculados con la exportación, sobre todo el de la maquinaria, el de la industria textil, y el de los equipos eléctricos. Pero no son los únicos: los pequeños productores de queso, por ejemplo, han visto como sus exportaciones caían en picado.

La situación tampoco es fácil para los comerciantes. La fortaleza del franco suizo ha disparado el poder adquisitivo de los helvéticos, pero la clientela cruza cada vez más la frontera para hacer sus compras.

También en la cuerda floja el turismo. Tercer sector económico del país y uno de los más competitivos hasta ahora, es el que más tiene que perder, como se constata ya con la caída del número de visitantes europeos.

Por ahora, esas pérdidas se ven compensadas en parte por el aumento de turistas de países emergentes.