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Medio siglo de terror etarra

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Medio siglo de terror etarra

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José Luis Rodríguez Zapatero:

“La nuestra será una democracia sin terrorismo, pero no una democracia sin memoria”

El homenaje a las más de 800 víctimas mortales de ETA fue la primera reacción del presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, al anuncio, instantes antes, de la banda terrorista:

ETA ha decidido el cese definitivo de su actividad armada”. La frase, pronunciada por un encapuchado, marca el final de 51 años de violencia.

El primer gran atentado tuvo lugar el 20 de diciembre de 1973 en Madrid. Una bomba acababa con la vida del presidente del Gobierno y mano derecha de Franco, el Almirante Luis Carrero Blanco.

El fin de la dictadura y la llegada de la democracia no pone fin a la actividad terrorista. Al contrario: con la amnistía de octubre de 1977, muchos de los prisioneros liberados reintegran ETA.

La década de los 80 es la de los años de Plomo, con atentados indiscriminados casi todos los días y el uso masivo de coches-bomba.

El atentado de Hipercor, en Barcelona, deja 21 muertos. Las víctimas de ETA pasan a ser civiles y no sólo militares y policías.

1995, Vallecas, Madrid. ETA hace explotar un coche bomba al paso de un furgón militar. Los seis muertos son civiles que trabajaban para el Ejército.

A partir de entonces, ningún colectivo se libra de la violencia de ETA. En primera línea, los políticos, sobre todo los cargos electos socialistas y del PP. En 1995, José María Aznar, entonces jefe de la oposición, escapa ileso a un atentado gracias a su coche blindado.

En 1996 un etarra mata a bocajarro al expresidente del Tribunal Constitucional, Francisco Tomás Y Valiente en su despacho de la Universidad Complutense en Madrid.

Con el asesinato de una personalidad independiente de la transición democrática, ETA prosigue su estrategia de “socialización del sufrimiento” para forzar la negociación con el Estado español. Los estudiantes responden masivamente: Basta Ya.

Pero la banda pierde definitivamente la calle un año después. La ejecución de Miguel Angel Blanco marca indudablemente un antes y un después.

ETA secuestra al joven concejal del Partido Popular y amenaza con asesinarlo si el Gobierno no acerca a los presos de la banda en 48 horas.

El 12 de julio, fue abandonado moribundo con dos tiros en la cabeza. Millones de españoles lloran de rabia, pero gritan más alto que nunca ETA no.