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La lucha de las mujeres por hacerse oir en el nuevo de Egipto

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La lucha de las mujeres por hacerse oir en el nuevo de Egipto

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Entre enero y noviembre la revolución egipcia reunió a las diferentes caras de la sociedad de Egipto en la famosa plaza Tahrir, incluyendo a mujeres de todas las edades, clases sociales y confesiones, venidas para reivindicar su sitio en la construcción de un nuevo Egipto.

¿Podrán lograrlo frente a las realidades de una socidad muy conservadora?

Lejos de la efervescencia de la capital, nos acercamos a la localidad de Werden, en el distrito de Giza, a 70 kilómetros de la capital.

Aquí se constituyó hace unas semanas el primer sindicato de mujeres agricultras de Egipto, algo que era ilegal antes de la revolución.

Pero en Werden, nadie ha oído hablar de ello, pese a que como nos cuenta Ftouh Mahmoud Ktob, la localidad necesiría algo así.

Su familia cultiva terrenos pertenecientes al estado y apenas tienen herramientas o semillas. También carecen de servicios como colegios o sanidad.

Para ella la revolución no ha cambiado nada: “Las mujeres no han logrado nada, son víctimas. Hay mujeres con 2 ó 3 hijos que reciben ayudas ínfimas.

Por ejemplo, una viuda recibe 90 libras egipcias al mes, unos 11 euros. Eso no sirve para nada. ¿Qué puede hacer con eso? ¿Comprarse una tarta? ¿Qué puede hacer en sus terrenos? Nada.

Nos estamos asfixiando. Yo sufro porque no encuentro nada, ni si quiera tengo dinero para comprar fertilizante o para pagar cosas básicas para vivir decentemente. Los granjeros no pueden más. Ni siquiera tengo la vestimenta adecuada para la fiesta del sacrificio”.

Burocracia enmarañada, corrupción, paro juvenil, carencias en los sistemas sanitario y de educación, los males del antiguo régimen siguen pesando sobre la población.

Entre aquellos más activos a la hora de anunciar un cambio en las zonas rurales está el partido Justicia y Libertad, brazo político de los Hermanos Musulmanes en las elecciones legislativas.

Pocos días antes de los comicios, nos encontramos con Azza el Garf, una de sus candidatas en la región de Giza. Muchas mujeres vienen a escuchar sus propuestas.

En su programa, el pleno acceso de las mujeres al trabajo y a la educación, dentro de los valores de la familia.

Pero la emancipación no pasa, según ella, por la discriminación positiva, y algunas leyes como la que les permite divorciarse demasiado fácilmente, deben cambiar.

“No es justo que las mujeres participen en las elecciones y luego vuelvan a casa. Hace falta que participen en la sociedad, y que tengan un papel importante.

Hay leyes del antiguo régimen que discriminan cruelmente a las mujeres y que van contra la ley islámica. Hay leyes que cargan a la mujer con la resposabilidad de la educación y el cuidado de sus hijos y no sobre el padre.

Hay muchas cosas que conciernen a la familia, sobre las que esta gente ha legislado, se han inmiscuido, y todas esas leyes van contra la Sharia.

Yo creo que para tener una sociedad equilibrada, para lograr estabilidad, hay que acabar con la discriminación, ya sea en favor de las mujeres o de los hombres”, concluía.

Las militantes del partido Juisticia y Libertad aspiran a la modernidad y no comparten las ideas de otros islamistas radicales, como los salafistas.

Quieren cambiar la mala imagen que se les dió durante el régimen de Mubarak.

“Antes, todo el régimen era corrupto, pero tras la liberación y el cambio, vamos a poder presentar el auténtico Egipto. Vamos a demostrar que el pueblo egipcio es civilizado y abierto. Ni siquiera el velo nos impide participar en la vida política, ni nos va a impedir salir a las calles y participar en la reconstruicción de nuestro país”, decía Om Ayman, profesora de ciencias, mientras que Amal Ibrahim, bibliotecaria, nos explicaba: “Nos liberamos en la plaza Tahrir. Nuestro modelo de mujer estaba en esa plaza. Allí estaban los islamistas, junto con mujeres que no llevaban velo. Lo que pasó allí nos permitió tener una voz. Gracias a Dios pudimos encontrarnos con esas mujeres y hablar con ellas. Así nos dimos cuenta de que no correspondían con la imagen que habíamos tenido de ellos durante toda la vida”.

Sin embargo, las mujeres, lleven velo o no, siguen chocando contra el muro de la discriminación. Según varias organizaciones internacionales, en cuanto a igualdad entre hombres y mujeres, el país está entre los menos avanzados.

Bothaina Kamel, periodista conocida por su oposición a las injuticias bajo el régimen de Mubarak, milita ahora sin descanso contra el poder militar y por el derecho a la igualdad de todos, incluidas las mujeres.

A día de hoy, es la única candidata a la presidencia de Egipto: “Debemos dar el primer paso. Debemos hablar a los egipcios sobre igualdad, día a día. Al principio pensaban que estaba loca, pero hoy es una realidad, es un hecho, y debemos seguir trabajando”.

Los desafíos para las mujeres son numerosos, empezando por la violencia de la que son víctimas. Egipto tiene un alto nivel de abusos sexuales.

La policía y los militares son acusados a menudo de protagonizar esos abusos, por ejemplo, practicando pruebas de virginadad a las manifestantes arrestadas en enero. Tan sólo una puso una denuncua

Entre el caos de las manifestaciones de noviembre, muchas de las mujeres a las que debíamos entrevistar desparecen. Hemos encontrado a algunas de ellas en la Plaza Tahrir, como Gameela Ismail, candidata independiente a las legislativas que posteriormente no logró los votos suficientes.

En plena campaña en el Cairo, vino esta noche un hospital improvisado en una mezquita para informrmarse sobre el número y estado de las victimas de los últimos enfrentamientos.

Para ella, la sociedad egipcia debe afrontar desafíos más urgentes que los derechos de las mujeres: “Cuando camino por mi circunscripción, las mujeres no me paran para decirme “necesitamos nuestros derechos de la mujer”. Nunca he oído algo así. Más bien, dicen “quiero una mejor educación para mis hijos. Necesito una casa, medicinas, seguridad social…” Los hombres y las mujeres han estado malviviendo, siendo golpeados, asaltados y detenidos. Se les privó de sus derechos, a ambos. Durante los últimos 60 años tenían que permanecer callados. Pero ahora, tanto hombres como mujeres se sienten libres, saben que pueden cambiar las cosas y quieren hacerlo. Y aún deben seguir luchando juntos para lograr unas mejores condiciones de vida”.

Muchas temen que una vez que el fervor revolucionario se termine, los derechos de las mujeres vuelvan a ser violados y están igualmente preocupadas por la influencia que puedan tener los partidos islamistas.

Una joven que recibió amenazas de muerte por posar desnuda para su blog cancela su encuentro con nosotros por miedo a represalias.

Otra, Sally Sami, activista pro derechos humanos, cree que en la Plaza Tahrir se ha acabado con muchos estereotipos, pero aún así, considera que las urgencias son otras: “Si tuviese que elegir entre luchar por los derechos de las mujeres o acabar con los juicios militares, preferiría enfrentarme a los jucios militares. Porque es algo que nos afecta a ambos, a hombres y mujeres. Es algo a lo que hay que enfrentarse y es una prioridad, por que hay miles de personas en la cárcel injustamente”.

Para otras, las mujeres deben reivindicar desde ya mismo su lugar en la reconstrucción del país. Es el caso de Heba Morayef. Representante de Human Rights Watch en Egipto, cree que las mujeres deben acceder a las esferas de poder político, económico y judicial, donde nunca han estado bien representadas, para poder cambiar las cosas.

“En las protestas de enero, por primera vez cientos de miles de mujers salieron a la calle sintiéndose seguras. Sentían que podían participar en las manifestaciones y en el futuro del país.

Pero después, no se las incluyó en los procesos decisivos. Necesitamos mayor participación de las mujeres en puestos en los que se tomen decisiones importantes. No en puestos típicos relacionados con la solidaridad social o la situación de las mujeres sin ninguna influencia.

También necesitamos establecer una agenda a nivel nacional para trabajar en la mejora de la participación de las mujeres en la política”, concluye.