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Areva dibuja un futuro con menos trabajadores y menos inversiones

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Areva dibuja un futuro con menos trabajadores y menos inversiones

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Las pérdidas declaradas por el gigante nuclear francés en el último ejercicio, sus primeros números rojos en un década, llevan a la cúpula de la empresa a poner en marcha un ambicioso plan de recortes.

Su nuevo presidente, Luc Oursel, ha dicho que Areva —participada mayoritariamente por el Estado— ejecutará este plan en un plazo de cinco años.

Para compensar las pérdidas de 1.600 millones de euros, se reducirá la inversión en un 34 por ciento, y 1.500 puestos de trabajo en Alemania. Un país que representa el 6 por ciento de su cartera de pedidos, pero que apagará sus nucleares en 2022.

Los sindicatos han puesto el grito en el cielo.

Para Cedric Noyer, delegado de Fuerza Obera (FO), “a este plan hay que añadir la congelación salarial prevista para los próximos años. Hablamos de 2012, pero también se aplicará en 2013”.

“Ni hablar de despidos” —comenta Bruno Blanchon, representante de la Confederación General del Trabajo (CGT), el primer sindicato del grupo— “ni una congelación salarial como se ha anunciado”.

El máximo responsable de Areva ha comentado que “no hay un parón nuclear después de Fukushima”, pero a nadie se le escapa que la catástrofe en la central japonesa ha dado alas a los sectores contrarios a la energía atómica.

Areva prevé vender diez de sus reactores con tecnología de agua a presión (EPR), en los próximos años. Actualmente se construyen cuatro grupos de estas características: dos en China, uno en Finlandia y otro en Francia.

Sin embargo, en Finlandia el proyecto sufre importantes retrasos por razones económicas, políticas y sociales.