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El Chacal: perfil de un revolucionario profesional

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El Chacal: perfil de un revolucionario profesional

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Siempre desafiante pese a la edad y a 17 años de cárcel.

Ilich Ramírez Sánchez, alias Carlos el Chacal, venezolano, de 62 años, comparecía de nuevo ante la justicia francesa el pasado 7 de noviembre para responder a las acusaciones por una serie de atentados terroristas cometidos a principios de los 80 en suelo francés.

Entre ellos, la explosión de un coche bomba en abril de 1982 en la parisina calle Marbeuf, delante de la sede del periódico El Watan Al Arabi. La deflagración mata a una persona y deja heridas a 63.

En marzo de ese mismo año, una bomba en un tren París-Toulouse ocasiona la muerte a cinco personas y deja heridas a 77.

Un año después, el 31 de diciembre, los atentados contra la línea del tren de gran velocidad Marsella-París y en la estación Saint Charles de Marsella dejan un total de cinco víctimas mortales y 50 heridos.

Carlos, que fundó la Organización de Revolucionarios Internacionalistas, nunca ha confesado la autoría de esos crímenes, pero tampoco ha negado su participación en ellos.

En plena guerra fría, el veterano militante marxista fue apoyado, armado y acogido por la antigua RDA y protegido por Siria, Irak y Yémen.

Pero la operación que hizo del Chacal el criminal internacional más buscado y el icono de los revolucionarios árabes, palestinos y de los extremistas de izquierda, fue el asalto contra la sede de la OPEP en Viena en 1975.

El 21 de diciembre, un comando dirigido por Carlos irrumpe en el edificio y toma como rehenes a más de medio centenar de personas, entre ellas, los 11 ministros de la OPEP.

En el asalto mueren tres personas. Tras varios días de negociaciones, el comando con los ministros secuestrados, pone rumbo a Argelia, donde son liberados.

Pero es ante la justicia francesa que Carlos rinde cuentas. Detenido por policías franceses en Sudán, en agosto de 1994, tres años después es condenado a cadena perpétua por el asesinato en París de dos policías y su informador en 1975.

Su abogada y esposa pone en entredicho la legalidad de ese primer proceso en 1997:

Isabelle Coutant-Peyre. Abogada y esposa de Carlos:

“Por supuesto, es un juicio político, la prueba es las condiciones de su secuestro, el secuestro ilegal en Jartúm por parte de la policía política francesa”

Los mismos argumentos que José Ramírez, su padre ya fallecido. El rico abogado venezolano que vio por última vez a su hijo en 1974, defendía la inocencia de Carlos durante su proceso del 97.

José Altagracia Ramírez Navas. Padre de Carlos:

“Mi hijo no es terrorista, es un guerrillero, un combatiente revolucionario que ha dedicado largos años de su juventud a la lucha por la causa del pueblo palestino.”

Un discurso que suena anacrónico en pleno 2011.