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Comida desaprovechada para saciar el hambre energética

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Comida desaprovechada para saciar el hambre energética

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Al menos el 20% de la comida que producimos en Europa acaba en la basura. Para evitar este desperdicio, un grupo de investigadores está estudiando la manera de transformar esos deshechos en energía limpia. El primer laboratorio que visitamos se encuentra a 13.000 kilómetros de nuestro continente.

“Este sueño nació durante un viaje que hicimos a Vietnam hace algunos años”, explica Aulis Ranne, coordinador técnico de Enerfish. “Vinimos como turistas y nos quedamos asombrados con la relación tran estrecha que mantienen los vietnamitas con la pesca y con el pescado”

“También nos dimos cuenta de que es gente muy emprendedora”, continúa. “Y muy comprometida con lo que hace. Trabaja sin descanso y se entrega a fondo con los nuevos retos. Así que pensamos que sería magnífico combinar esos conocimientos sobre la pesca con su espíritu emprendedor para mejorar la situación económica de esta región a través de las energías renovables. Así es como nació este proyecto de investigación”, concluye.

El sueño se ha hecho realidad en una piscifactoría del Delta del Mekong, en el sur de Vietnam. Cada día, aquí se procesan 120 toneladas de panga. Todo ese pescado se trocea, se congela y se empaqueta para enviarlo a los mercados europeo y asiático

En ese proceso se reciclan 80 toneladas de desperdicios que, hasta ahora, se transformaban en aceite de pescado. Sin embargo, con el tratamiento adecuado, esos deshechos pueden convertirse en algo mucho más valioso: biodiésel.

“Aquí tenemos el aceite de pescado”, explica Teija Palmén, químca de Sybimar Oy . “Pero si le añadimos metanol mezclado con un catalizador alcalino, lo calentamos y lo mezclamos todo bien, obtendremos combustible. Esa capa naranja que se ve flotando ahí es biodiesel. La transformación se lleva a cabo en esta planta piloto. El aceite lo bombeamos hacia ese reactor y allí se calienta y se agita. Luego cogemos el metanol y lo mezclamos con el catalizador. Y más tarde añadimos esa mezcla al aceite de pescado. El resultado se depura con agua y lo que obtenemos al final es el biodiésel, que acto seguido se separa y se almacena”.

El diseño y la construcción de esta planta de reciclaje ha llevado cuatro años de trabajo y ha sido fruto de una estrecha cooperación entre investigadores europeos y vietnamitas. A pleno rendimiento, puede producir hasta 13 toneladas diarias de biodiesel.

Tanto la fábrica como el complejo sistema de refrigeración se monitorizan online para determinar el equilibrio energético.

“Primero comprobamos cuánta electricidad necesita la planta para trabajar”, comenta Florian Griessl, ingeniero de Eficiencia Energética en TÜV Rheinland. “Y luego analizamos el biodiésel que puede producir y la electricidad que puede transformar el generador con ese combustible. Desde un punto de vista medioambiental, creemos que va a ser una fábrica muy eficiente a pleno rendimiento”

El biodiésel producido en esta instalación puede generar hasta 150 Megavatios por hora. Suficiente para abastecer a toda la fábrica y a los pueblos pesqueros de alrededor.

“Este proyecto piloto es un buen ejemplo de lo que puede suponer el intercambio de tecnología entre Europa y Asia”, añade Aulis Ranne. “En un futuro cercano, podríamos instalar generadores similares en otras piscifactorías vietnamitas o en países como Malasia, China o Indonesia”.

“Todo el mundo sale ganando”, concluye Phan Van Nguyen, director general de la Hiep Thanh Seafood Company. “Estamos reciclando energía, eliminando desperdicios, protegiendo el medio ambiente y abasteciendo de electricidad a nuestros vecinos, además de crear puestos de trabajo. Y encima estamos invirtiendo en proyectos reales de desarrollo sostenible”.

Un desarrollo sostenible que tiene un desafío de dimensiones considerables a más de 13.000 kilómetros del Delta del Mekong.

Esta planta inglesa transforma cada día 18 toneladas de deshechos alimenticios en 2.500 metros cúbicos de biogás, principalmente metano que se usa para producir electricidad.

Ese proceso se conoce como digestión anaeróbica. Los desperdicios se someten a un proceso de descomposición llevado a cabo por micro-organismos que producen gas en una atmósfera sin oxígeno.

Sin embargo, los investigadores que dirigen este proyecto creen que el sistema todavía está lejos de ser eficiente.

Para que sea rentable, deberían conseguir que la producción de gas aumente con respecto al volumen de deshechos. Y que sea sostenida en un periodo prolongado en el tiempo.

“Cuando empezamos”, recuerda Sonia Heaven, coordinadora de Valorgas, “la gente reciclaba los deshechos alimenticios como si todos fueran iguales. Así que el biorreactor tenía grandes problemas para digerirlos correctamente”

“El trabajo que estamos desarrollando ahora nos ha permitido conocer ciertos principios básicos de la digestión”, prosigue. “Ahora sabemos qué grupos de micro-organismos son los más adecuados, cómo contribuyen a la metabolización y a la descomposición de los deshechos alimenticios”

“Hasta ahora, hemos identificado dos micronutrientes precisos que pueden favorecer la digestión anaeróbica: el silicio y el cobalto”, añade Ludwig Gredmaier, ingeniero mecánico de la Universidad de Southampton. “Así que hemos añadido pequeñas dosis de ambos componentes al biorreactor. Las pruebas muestran que esos dos elementos ayudan a mantener vivas las bacterias y, por tanto, el proceso es más largo y la cantidad de biogás que se produce es mayor utilizando la misma cantidad de desperdicios”.

“Gracias a este nuevo descubrimiento y al hecho de comprender mejor cómo funciona el proceso de digestión, ahora podemos duplicar o triplicar la carga de los bioreactores, incluso a escala industrial”, explica Heaven. “Es una muy buena noticia para las empresas comerciales, porque pueden almacenar el doble de desperdicios y saben que recibirán una retribución por ello. Pueden producir el doble o el triple de gas y eso significa el doble o el triple de energía. El proceso de digestión es mucho más eficiente. Para los que lo gestionan es mucho mejor. Saben que la planta funciona correctamente y pueden pasar la noche tranquilos.

El proyecto, además, permite identificar los hábitos de consumo y deshecho de comida en función de la región europea. Y eso, a veces, nos permite descubrir cosas sorprendentes.

“Hemos desarrollado un registro de desperdicios y lo hemos hecho a mano, para saber qué deshecha la gente”, revela Becky Arnold, de BiogenGreenfinch. Y hemos descubierto que, aquí, en la región donde está esta fábrica, el 50% de lo que se tira en las casas son verduras y pieles de frutas. Y que el 12% son frutas y verduras que ni siquiera se han utilizado. Pero lo más sorprendente es que el 10% de esos residuos que hemos recolectado son bolsas de té”.

Puede parecer anecdótico, pero no lo es. Sabiendo que se tira a la basura, sabremos con qué tienen que trabajar los bioreactores y desarrollarlos de una u otra manera. Hasta el detalle más insignificante cuenta.

http://www.enerfish.eu

http://www.valorgas.soton.ac.uk/