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Un salario para vivir

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Un salario para vivir

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Como cada año, llega la Navidad. A pesar de la crisis los británicos gastarán unos 84000 millones de euros, cerca de un 1% más que el pasado año. Pero al otro lado de los escaparates hay una realidad bien diferente. Los trabajadores de las tiendas son unos de los peores pagados incluso en la reluciente Oxford Street de Londres.

“Gano seis libras y 15 peniques por hora y tengo que vivir con mis tíos. No da para mucho, 600 libras no es demasiado para cuatro semanas de trabajo”, asegura una joven australiano.

Para otro sudafricano, las perspectivas tampoco son prometedoras. “Este trabajo no me permite vivir. Estoy buscando un segundo trabajo. Dormiré unas dos horas al día pero ya se sabe, hay que hacer lo que hay que hacer.”

Pero su situación no es diferente a la de otros ciudadanos que explican sus problemas. “Hay que tener cuidado de no gastar demasiado porque hay que calcularlo todo. ¿Puedo o no salir con mis amigos esta noche?. Hay que ser muy precavido con el dinero para tener suficiente para comer incluso para ir al trabajo. Es una locura. Nos vendría bien tener algo más de dinero.”

En el Reino Unido los trabajadores no pueden ganar menos de 6 libras y 8 peniques la hora. Es el salario mínimo. Pero no siempre se respeta. El salario mínimo fue introducido como una forma de control para evitar la explotación en la industria manufacturera, primero en Nueva Zelanda y Australia y luego en Londres, pero solo en algunos sectores. Durante la Gran Depresión, Roosevelt siguió el ejemplo en Estados Unidos.

Los salarios mínimos distan mucho dependiendo de los países. En España es de 641 euros al mes. En Francia, por ejemplo, es de 1320 euros, más del doble.

En Sudáfrica la elevada tasa de desempleo pone en peligro los sueldos de los trabajadores, que pueden ser reemplazados fácilmente. El Gobierno introdujo un salario mínimo para 11 categorías de empleos especialmente precarios. Entre ellos, los trabajadores agrícolas, que no pueden recibir menos medio euro por hora.

“El dinero no es demasiado y no tenemos una buena educación, así que este es el único trabajo que podemos hacer, intentamos dividir el dinero para nuestras necesidades y de esta forma poder sobrevivir”, explica uno de ellos. Otra mujer explica los peligros de pedir más dinero. “Es importante tener un sueldo mínimo para que el gobierno vea cuál es el coste de la vida. Nos gustaría ganar más, pero tememos que la empresa nos eche si pedimos un aumento, podría contratar a otras personas en nuestro lugar.”

El propietario de una granja asegura que es clave tener contentos a sus trabajadores. “El beneficio para nosotros como cultivadores es que debido a que les necesitamos todos los días a una hora determinada durante la recolección, les pagamos más del salario mínimo y bonificaciones y así nos aseguramos de tener a los trabajadores necesarios para sacar el fruto a tiempo.”

En Sudáfrica no hay un único salario mínimo. Hay cerca de 43 dependiendo del sector y del área geográfica. ¿Cómo ha funcionado este sistema en los años posteriores al apartheid en uno de los países con mayor tasa de desempleo de todo el mundo?

“En muchos casos lo que los salarios mínimos han significado para los trabajadores afectados ha sido una comprensible subida del sueldo, así que hemos visto un incremento de las ganancias en los trabajadores del hogar, los de las granjas, los taxistas, etcétera. Al mismo tiempo, sin embargo, hay evidencias de que en algunos sectores, especialmente en la agricultura, el salario mínimo ha supuesto una enorme reducción del empleo. Creo que hay diferentes perspectivas pero sería difícil argumentar que el salario mínimo no reduce el empleo. El reto para los políticos es pensar en la otra cara de la moneda. Los salarios mínimos protegen a los más pobres y, casi sin excepción, han sido efectivos para reducir los niveles de pobreza de las familias”, explica el economista Haaron Bhorat.

El apartheid pertenece al pasado pero algunos suburbios de Ciudad del Cabo son mayoritariamente blancos y cada casa tiene al menos un trabajador doméstico, casi siempre negro. ¿Como asegurarse de que se trata de un empleo y no de una forma de esclavitud?. Un sueldo decente establecido por ley es un buen comienzo.

Mina es una de las afortunadas que cobra más del salario mínimo. “La ley existe pero no está implementada. La gente ve en el periódico que hay que darle esto al trabajador pero no les importan los trabajadores. Es algo así como ‘debes coger lo que te doy’.Y por otro lado algunos de los trabajadores son muy débiles, están atemorizados, ‘quizá pierda la habitación en la que vivo y acabe en la calle’”.

La empleadora de Mina también ve la misma realidad. “Todos los que conozco en la misma categoría económica que yo, viviendo en Constantia, que es una zona exclusiva, no pagan lo mismo que yo a Mina, los mismos extras que Mina. Somos muy permisivos con ella, constantemente. ¿El salario mínimo?. Mucha gente no tiene noticias de él, la mayoría de gente no lo respeta e intenta pagar lo mínimo.”

Mina tiene dos hijos en edad escolar que viven en esta ciudad de chabolas, por su cuenta. No se trata del sueldo. Se trata del reconocimiento, de los derechos humanos.

Hester Stevens, líder del sindicato de trabajadores domésticos, cuenta la paradoja anterior al triunfo de Nelson Mandela. “El apartheid fue la mejor arma de presión que pudimos hacer como trabajadores domésticos. En los años del apartheid, cuando crecí, nunca había espacio para los trabajadores domésticos en este país, fuimos catalogados, nos dieron nombres y cuando afectó a los salarios, el gobierno anterior dijo que los trabajadores domésticos no necesitaban sueldos, solo podían aprender a cocinar mejor. Sentimos que eso es una discriminación hacia nosotros, somos parte de este país y también contribuimos a la economía de este país.”

En estos tiempos de crisis, muchos países están aumentado sus sueldos más bajos para proteger a los pobres. De vuelta al Reino Unido, donde el salario mínimo lleva en vigor 11 años, los resultados son positivos. Así lo explica uno de los miembros de la Comisión creada para tratar este asunto. “Realmente ha ayudado a reducir desigualdades. Creo que la desigualdad ha aumentado, pero habría sido peor sin el salario mínimo. El salario mínimo no puede resolver los males del mundo. Lo que podemos hacer es sentar unas bases para ayudar a frenar la explotación. Pero no puede solucionar la estructura del empleo de la economía, no es algo que se pueda pedir, y si se hace se podría colapsar.

El hombre detrás de está política es Ian McCartney, diputado laborista. Dice que ha sido el mayor logro de su carrera. Le entrevistamos en Wigan, en el noroeste de Inglaterra, donde reside.

“Tuvimos la sesión más larga de la historia parlamentaria. Nunca deje la Cámara. La barba me estaba creciendo, sudaba, pero había tomado la determinación de aprobar esa propuesta. Tenía suficiente por parte de los conservadores, habían logrado que no se aprobase durante un siglo y no iban a conseguirlo durante otros cien años. Cuando finalmente la aprobamos, hubo una euforia total, el ambiente era como si se hubiera ganado el Mundial, fue impresionante. La gente decía que eso era por lo que había entrado en política, por lo que quería cambiar el mundo. Estábamos cambiando las cosas. Y tanto si estás en una recesión como en tiempos de bonanza, ningún trabajador debe ser explotado.”