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Las potencias regionales no quieren sorpresas en la nueva Corea

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Las potencias regionales no quieren sorpresas en la nueva Corea

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La sorpresiva muerte de Kim Jong Il ha puesto en alerta a sus vecinos regionales, que se preguntan si algo cambiará en la hermética Corea cuando esta bandera vuelva a ondear en lo alto del mástil.

Y China es el país que más puede influir en la estabilidad en la península. También su principal aliado y el país lidera las conversaciones a seis bandas sobre la desnuclearización de Pyongyang.

En las calles de Bejing se percibe esa camaradería con una de los regímenes más opacos del mundo.

“Es muy triste que Kim Jong-Il haya muerto. Me quedé impactado cuando vi al pueblo norcoreano llorar de esa manera”

“Les enviamos condolencias y nuestra más sincera simpatía, y esperamos que Corea del Norte pueda avanzar por el camino del desarrollo pacífico y estable”

Ni China ni Japón quieren sorpresas inesperadas en el traspaso de poder que puedan alterar o tensar el equilibrio en la zona.

Y los cambios, tal y como sostiene un analista, tampoco parece que puedan llegar desde el seno del país:

“ Hay gente a la que le gustaría aprovechar esta oportunidad para socavar el actual régimen, pero es muy difícil porque la oposición y cualquier tipo de disidencia ha sido eliminada en el pasado”

Unidos por puentes, mar y tierra, China es quien más puede condicionar desde fuera al enrocado régimen norcoreano.

La información, los detalles de esta transición, sobre quién es quién tras Kim Jong Il, está tan sellada que incluso Japón ha pedido a China compartir toda la información disponible para controlar cualquier giro inesperado y que reine la calma en esta impredecible potencia nuclear.