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Una década del euro

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Una década del euro

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Es el día de Año Nuevo…de 2002, el año en que los billetes y las monedas del euro se estrenan en la calle por primera vez para reemplazar a las antíguas monedas nacionales.

Su estreno generó una gran expectación.

La idea era reducir costes, facilitar el comercio y el turismo, e incrementar el crecimiento en la comunidad europea.

Hoy, 10 años más tarde, cerca de 330 millones de personas utilizan la moneda única. Algunos siguen teniendo una fe ciega en su futuro.

“ Tengo una gran confianza en el euro. El cambio no me preocupa lo más mínimo”.

Otros, en cambio, no creen que el euro cumpla con fin estabilizador prometido o sirva como protección contra las crisis económicas mundiales:

“ No tengo ninguna confianza en el euro, porque si te fijas en la economía, hay promesas que no se están cumpliendo”

Los requisitos para la permanencia de los estados miembros contemplaban la independencia del BCE y la limitación del déficit público a un máximo anual del 3% del PIB y de la deuda pública al 60% del PIB. La independencia del BCE implicaba la prohibición expresa de financiar a los Estados miembros y las instituciones de la Comunidad, así como su completa autonomía de decisión en el desempeño de sus funciones. El BCE se ha saltado ya esa prohibición al comprar deuda pública de los Estados afectados

El problema – ignorado al principio y ahora demasiado obvio, es que el euro no tiene la misma talla para todas las divisas.

Los diecisiete países que comparten el euro guardan aún sustantivas diferencias entre sí a pesar de la «globalización»

“ Por desgracia, no nos ha ido tan bien con el euro como pensábamos. El euro está bajo una fuerte crisis existencial en este momento. Algunos países se han excedido demasiado y tienen fuertes repuntes en la inflación después de una era generosa de créditos baratos. Tras la crisis, estos países han perdido competitividad, la mano de obra se ha encarecido y ahora afrontan un abultado déficit en su balanza comercial que tiene que ser financiado”.

Por si fuera poco en 2008 llegó la mayor crisis financiera de la historia, y muchos bancos para evitar la quiebra tuvieron que ser rescatados por los Gobiernos.

La incapacidad de los líderes europeos para manegar la crisis ha provocado una desconfianza en los mercados,y la crisis financiera ha desembocado en la crisis de deuda soberana.

Probablemente, el euro no tiene la culpa pero puede ser una víctima de los grandes pecados que no cometió.