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El Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena: tradición por partida doble


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El Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena: tradición por partida doble

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El Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena es tradición en su mejor forma y sonido. Sin él no empieza el año. Pero no todos tienen presente que en esta orquesta de primer nivel, tradición y experiencia se transmíten a menudo de generación en generación en el seno de la misma familia con el mismo detalle y cuidado que en el taller de un pintor renacentista.

Es el caso de los Tomblöck: padre, hijo y nieto. Están lejos de ser una familia más.

Wolfgang Jr. tiene bien presente su niñez: “Me acuerdo de que cuando era muy pequeño jugaba con mi hermano debajo del pianoforte mientras mi madre tocaba a Chopin o a Schubert y siempre nos preguntaba: ¿Suena muy fuerte para vosotros? Nosotros jugábamos con los coches de Matchbox. No, no, está bien le decíamos”.

Wolfgang, el cabeza de familia, se incorporó a la Filarmónica de Viena después de la II Guerra Mundial tocando la trompa bajo la batuta de los directores más importantes del mundo. Su nieto Johannes es ahora primer violín de la Filarmónica: “Mi nieto vino a casa durante años. Yo le acompañaba al piano cuando tocaba sus sonatas y conciertos. Venía a casa cuatro o cinco veces por semana. Y el resultado ha sido muy satisfactorio”.

Puestas así las cosas ¿es un honor o una enorme responsabilidad ser una tercera generación en la Filarmónica de Viena?

Johannes explica: “Mi padre nunca me presionó para que entrara en esta Orquesta, pero mi propia autoexigencia era lo suficientemente fuerte ya porque cada pariente de mi familia estaba en la Filarmónica de Viena. Así que pensaba: Si quiero ser músico, la única manera de conseguirlo es ingresando en esta orquesta”.

Ernst Ottensamer es primer clarinete en la Filarmónica de Viena. Sus dos hijos le han seguido: Andreas como clarinetista en la Filarmónica de Berlín y Daniel, en la senda del padre, en la de Viena. Dos niños que crecieron rodeados de música.

Ernst Ottensamer lo explica así: “Intentamos inculcarles el amor por la música, sin forzarlos, y aceptaron de buen grado. Y ese puede ser nuestro mérito: no puedes ser un buen músico a la fuerza, por obligación. Eso no te abre el corazón y la música no está en el cerebro, está en el corazón”.

¿Qué es lo que un padre puede legar a su hijo en el campo musical?

Daniel lo tiene muy presente: “Por ejemplo, cómo reaccionar cuando un director dice algo o cómo tocar integrado en la orquesta. Siempre practicas solo en casa pero tienes que trabajar con la orquesta al completo y entonces tienes que encontrar tu sitio, tu papel y cuándo tocar más intensamente o cuando contenerte”.

Daniel recuerda: “Por supuesto, mi padre estaba siempre ahí cuando necesitaba consejo lo que me hizo mucho más facil manejar tantas cosas nuevas. De verdad que fue una gran colaboración”.

En este programa oirán fragmentos de las siguientes piezas:

  • Johann Strauss, El Danubio azul op. 314.
  • Johann y Josef Strauss, Marcha de la Patria.
  • Eduard Strauss, Carmen – Quadrille.

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