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Brasil: "si el río muere, nuestro pueblo morirá con él"

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Brasil: "si el río muere, nuestro pueblo morirá con él"

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Sheyla Yakarepi ha venido hasta Londres para protestar delante de la sede del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social. Sheyla Yakarepi es la embajadora del pueblo Juruna.

Yakarepi Juruna: “Estamos aquí frente del principal banco público de Brasil para reclamar más transparencia y que nos expliquen el papel que juega esta entidad cuando hablan de desarrollo sostenible porque, en realidad, este banco financia las grandes empresas para que exploten el Amazonas, empresas que están destruyendo los pueblos que allí viven.”

Sheyla Yakarepi Juruna recorre el planeta para sensibilizar a la opinión pública sobre las amenazas que planean sobre la selva amazónica y su población. Su bestia negra, la represa de Belo Monte.

Una central hidroeléctrica que se está construyendo en el río Xingu en el estado de Pará, la segunda mayor del país y la tercera del mundo.

Las orillas del Xingu, un afluente del Amazonas, recorren 2.000 kilómetros de selva donde viven unas 350.000 personas, entre ellas 15.000 indígenas.

Sheyla Juruna: “Aquí van a construir los muros de la presa porque hay una colina, van a servirse de ella para comenzar a construir el muro de 70 metros de alto y cuatro kilómetros de largo. Va a cortar el río por aquí y secarán más de cien kilómetros de tierras. El río Xingu es nuestra casa, representa la vida para nuestro pueblo ya que vivimos gracias a él. Si el río muere, entonces, nuestra cultura y nuestro pueblo morirán con él.”

A sus 36 años, Sheyla cuenta con el apoyo de importantes organizaciones medioambientales que han criticado este proyecto. La represa de Belo Monte anegará una extensa área de tierra, desecará partes del río Xingu y destruirá el ecosistema del que depende la supervivencia de distintos pueblos indígenas de la zona, como el suyo, Boa Vista en el Estado de Pará.

Francisco Bernardino Juruna, alcalde de Boa Vista:

“Para mi, Sheyla es una guerrera que lucha por esta causa desde hace 20 años, la aprecio muchísimo puesto que es ella la que personifica esta lucha.”

Sheyla es consciente de que para ser viable, la represa de Belo Monte necesitaría de otras río arriba para garantizar el flujo de agua, lo que significaría la inundación de más selva. Una amenaza para ocho pueblos indígenas, los más afectados son la tribu Juruba, a la que representa, y la tribu Arana en cuyas tierras se encuentra hoy.

La Constitución brasileña reconoce el usufructo exclusivo de “las tierras tradicionalmente ocupadas” a los indios. En teoría, la Carta Magna establece que todo proyecto de explotación en las zonas protegidas debe ser objeto de una consulta local.

Josinei, representante de la tribu Arara:

“Nadie nos ha preguntado si estamos de acuerdo o no. No necesitamos esa electricidad que van a producir. Lo que necesitamos es selva para cazar, para alimentarnos, necesitamos poder seguir pescando, poder bañarnos en el río. Eso es lo que queremos no su energía.”

Argumentos que chocan con los intereses de los promotores de la presa de Belo Monte.

Eraldo Pimenta, presidente del Consorcio Belo Monte, prefecto de Urará:

“Estamos hablando del equilibrio y de la independecia energética de Brasil. Diría también que se trata de algo más que de la autonomía energética, se trata del desarrollo industrial del norte del país, del Estado de Para. La capacidad planeada para la represa será de 11.000 MW que alimentaran la red eléctrica que une el norte y el sur del país.”

Sheyla: “No creemos en el argumento según el cual Brasil necesita más energía y que esa represa ayudará al desarrollo del país. Detrás de ese proyecto hay otros intereses escondidos. Se trata de la explotación minera puesto que nuestra región es rica en minerales.”

Las organizaciones ecologistas avanzan, también, otro tipo de argumentos como el freno que este tipo de proyectos hidroeléctricos supone para el desarrollo de energías alternativas menos contaminantes.

Según ellas, el 30% de la electricidad producida por la represa será destinada a la producción de aluminio y otras industrias orientadas a la exportación.

Sin descanso, Sheyla intenta convencer a las comunidades ribereñas para que apoyen la causa de los indígenas.

Sheyla: “Los pescadores de Xingu que venden su pescado sufren también, porque van a perder el trabajo que han ejercido durante generaciones. Tenemos que unir nuestras fuerzas para defender nuestra vida, nuestro territorio.”

Un llamamiento del que se ha hecho eco Antonia, ella, también, lucha por la supervivencia de los pequeños campesinos de Río Xingu, una historia que os contaremos en nuestro próximo capítulo de Women and War.