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Lucha en el corazón del Amazonas

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Lucha en el corazón del Amazonas

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A lo largo de los últimos 25 años, cerca de 1.600 personas han sido asesinadas en Brasil en conflictos relacionados con la explotación de la tierra.

Muertes que han quedado impunes puesto que sólo uno de los asesinos duerme hoy en prisión.

Cerca de 2.000 activistas de la selva amazónica viven hoy bajo la amenaza de los denominados “pistoleiros”.

Entre ellos, Sonia Bonê Guajajára, vicepresidenta de la COIAB, “Coordinación de organizaciones indígenas de la Amazonia brasileña”.

Es la principal organización de defensa de los derechos de los indígenas, representa a unos 450.000 indios.

Sonia Guajajára: “Volver a mi pueblo me colma siempre de alegría porque aquí me siento en casa, me siento una mujer plena.”

Sonia es una de las representantes del pueblo Guajajára del que sólo quedan 22.000 personas distribuidas en 16 tribus localizadas en el Estado amazónico de Maranhao.

Aunque se lucha se organiza desde las oficinas de la asociación en Manaos, la capital del Estado de Amazonas, Sonia vuelve a su pueblo con frecuencia cuyas gentes ven amenazada su modo de vida.

Sonia Guajajára: “Todos están confrontados al sempiterno problema de la explotación ilegal de las riquezas naturales. Ya se trate de madera o de animales a través de la pesca y la caza. Hoy nuestra selva está completamente devastada a causa de la deforestación y ya no queda la biodiversidad que teníamos hace tres décadas.”

Hace cinco siglos cuando llegaron los europeos a Brasil, la población indígena superaba los cinco millones de personas.

Hoy en día sólo quedan unos 700.000, el 0,3% de la población de Brasil.

La mayoría de ellos viven en tierras demarcadas por el gobierno.

La Constitución Brasileña otorga el usufructo exclusivo de la tierra a los pueblos que viven en las 110 millones de hectáreas catalogadas como “tierras tradicionalmente ocupadas por los indios.

Un derecho constitucional amenazado por los proyectos agropecuarios, mineros e hidroeléctricos

Y de la selva amazónica a Brasilia, la capital, tres horas en avión. Un viaje al que Sonia está acostumbrada y necesario para llevar las reinvindicaciones de los indígenas ante los centros de poder.

Sonia: “Vemos como día a día los indígenas son expulsados de sus tierras, vemos como se instalan empresas en sus pueblos. El principal combate de los pueblos indígenas de Maranhao tiene que ver con la protección del territorio. Porque si conseguimos protegerlo podremos mejorar otras áreas como la educación o la sanidad.”

Un discurso que choca con otro tipo de intereses:

En el mismo momento en el que Sonia discute con las autoridades, fuera decenas de agricultores y ganaderos brasileños se manifiestan.

Piensan que hay demasiadas tierras protegidas en Brasil.

La voz cantante la lleva, Katia Abreu, senadora y presidenta de la Federación brasileña para la Agricultura y la ganadería.

Katia Abreu: “De los 850 millones de hectáreas explotables que hay el país, sólo 230, es decir menos del 30% son dedicadas a la producción de arroz, frijoles, soja, maíz, carne. El único país del planeta que renuncia a sus tierra fértiles, tierras que podrían producir alimentos, es el nuestro, el de los brasileños.!”

La Amazonia, el 60% de la superficie de Brasil sólo aporta el 8% del PIB del país, una cifra que no entra en el cálculo de las comunidades indígenas para quienes la conciencia de su propia identidad es más que suficiente para legitimar la apropiación de las tierras que tradicionalmente ocupan.

Sonia: “Hay mucho dinero en juego, los poderesos tienen armas contra las que difícilmente podemos luchar. Muchas veces somos condenados por haber luchado por nuestros derechos. Aunque no abandonaremos nuestra lucha porque creemos en nuestra capacidad para defender con lealtad nuestros pueblos. Nada hará que renunciamos a nuestra lucha.”

Una lucha que comparte, Sheyla Juruna, en nuestra próxima emisión nos conducirá al corazón del Amazonas, pero ese será otro capítulo de nuestra serie brasileña de Women and War.