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Una economía rusa dependiente del petróleo

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Una economía rusa dependiente del petróleo

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Los líderes de las recientes protestas en Rusia son las llamadas ‘clases creativas’: jóvenes urbanos y ejemplo de éxito entre trabajadores y clase media. Uno de ellos nos dijo por qué participaba en la manifestación: “A causa de la injusticia, política y económica, en todos las partes”.

Pavel Jarikov empezó su negocio a principios de los noventa en una granja, procedente de la época soviética. Más adelante, abrió una red de suministro de pollos. Explica que el poder le quitó su compañía. Ahora, es uno de los fundadores de la Unión de Negocios Rusa.

Pavel Jarikov: “Si hablamos de nuestra economía sin el sector de las materias primas, podemos decir que el 20 por ciento es muy efectivo. Pero este mérito no es por la acción de Vladimir Putin. En primer lugar, es un mérito de los hombres de negocios y de su activismo social. Este grupo, que quiere hacer algo importante para su paàis, ha estudiado mucho en los países occidentales y ha integrado su experiencia en la realidad económica rusa”.

Putin accedió a la presidencia el año 2000 cuando Rusia comenzaba a recuperarse de la crisis financiera de 1998 y sus problemas de deuda. Sus principales objetivos fueron recortarla, restaurar el crecimiento económico y reducir la dependencia del petróleo. Ahora, el Producto Interior Bruto del país supone el sexto mundial en poder adquisitivo. Además, el país está a punto de ingresar en la Organización Mundial del Comercio. La población se encuentra en mejores condiciones que en los noventa, la inflación es la más baja de los últimos años y Rusia posee las terceras mayores reservas de oro y divisas extranjeras. Pero, más allá de estos indicativos, las cosas están muy lejos de ser de color de rosa.

Hace tres años, Rusia sufrió su primera recesión en una década. La curva en el precio del petróleo de los Urales entre 2007 y 2011 confirma esta dependencia, que se extiende al gas.

Aunque el gobierno ruso tiene que resolver tareas más urgentes, según Igor Rudensky, responsable económico de la Duma: “Cuando empezamos a trabajar en el año 2000, teníamos que pagar nuestra deuda externa. No podíamos diversificar nuestra economía y esto debe ser reconocido. Teníamos un agujero inmenso de 160.000 millones de dólares, que bloqueaba nuestro desarrollo. Cuando pagamos la mayor parte de esta deuda extranjera, pudimos concentrar nuestros esfuerzos en todos los sectores de la economía. Les empezamos a ayudar en su desarrollo”.

El Estado ruso cuenta, ahora, con una deuda muy baja del tres por ciento respecto a su Producto Interior Bruto. Pero la de las empresas ha alcanzado los 500.000 millones de dólares, casi una tercera parte del PIB. La salida de capitales se mantuvo y se dobló en 2011.

Sergei Aleksashenko, director de estudios macroeconómicos en la Alta Escuela de Economía de Moscú, explica por qué el sistema no atrae a los inversores: “Los ingresos por las exportaciones de petróleo y gas suponían el 25 por ciento del presupuesto federal ruso. Ahora, han aumentado hasta el cincuenta por ciento. ¿Cómo se puede hablar así de reducir la dependencia del petróleo? Las razones no son complicadas de entender. El clima para las inversiones en Rusia se está degradando. Durante el mandato como primer ministro de Putin, el país retrocedió en todos los ránquings: competividad, corrupción y entorno para invertir. Por ello, hacer negocios en Rusia es cada año más y más difícil… “

En el momento en que Putin intenta regresar al Kremlin por tercera vez, Rusia sigue haciendo frente a los mismos desafíos que hace doce años. El país debe reducir su dependencia de las exportaciones para modernizar su economía. La élite política habla de atajar la corrupción y la burocracia, pero ambas se han instalado desde el año 2000.

Al mismo tiempo, tanto el futuro líder ruso como sus colegas en el resto del mundo deben luchar contra una crisis global, más seria que la de hace doce años.