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François Hollande en campaña: el candidato tranquilo

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François Hollande en campaña: el candidato tranquilo

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Los días 22 de abril y 6 de mayo los franceses elegirán a su presidente. ¿Quien ocupará el sillón de De Gaulle, Mitterand o Jacques Chirac?

Si hay alguien que espera su hora este es el socialista François Hollande. En cabeza de los sondeos es el candidato del primer partido de la oposición en Francia.

François Hollande, discreto, antes de la campaña, es de hecho un animal político que sabe escoger su momento. Durante mucho tiempo al frente del Partido Socialista, ex pareja de Ségolène Royal, candidata fallida a la presidencia en 2007, ha protagonizado un regreso espectacular al ganar la investidura de su partido. Ahora tiene como objetivo llevar de nuevo la socialdemocracia al poder.

François Hollande en campaña. Es un retrato de Maxime Biosse Duplan.

Tiene muchas oportunidades de ser el séptimo presidente de la V Republica francesa. ¿Cómo ha llegado hasta aquí? ¿Cómo sin haber ocupado ni siquiera un ministerio es el favorito de las presidenciales francesas?

Una mezcla de tenacidad y paciencia con las dosis inevitables de suerte lo han hecho posible.

François Hollande procede de una familia burguesa de Normandía. Su padre, próximo a la extrema derecha milita en los grupos cercanos la OAS que se oponen a la independencia de Argelia. Muy pronto, el joven François sitúa sus ambiciones políticas.

Su madre, lo recuerda: “Siempre nos hacía reir con las cosas que decía: Cuando sea mayor seré presidente. Y claro, no le creíamos, todavía hoy seguimos sin creerle”.

Estudiante brillante, François Hollande será sucesivamente diplomado en Altos Estudios Comerciales, Ciencias Políticas, y titulado por la elitista Escuela Nacional de la Administración de la que fué séptimo de su promoción en 1980.

Ahí es donde se encuentra con Ségolène Royal, su futura compañera. Tendrán cuatro hijos y juntos darán sus primeros pasos en la política. Es Royal la que es ministra varias veces.

François Hollande esperará a que Lionel Jospin, nombrado jefe de gobierno por Jacques Chirac, le confíe las riendas del Partido Socialista en noviembre de 1997.

El 22 de abril de 2002 la catástrofe cae sobre los socialistas, Jospin no ha conseguido mantenerse en la segunda vuelta de las presidenciales sobrepasado por la extrema derecha de Jean Marie Le Pen al que se enfrenta Chirac.

Para la izquierda francesa esto supone un auténtico e inmenso trauma.

En 2005 el partido dirigido por François Hollande sufre un nuevo revolcón. El Partido Socialista había defendido el sí en el referéndum sobre la Constitución Europea pero el tratado es rechazado y los socialistas salen divididos del debate.

François Hollande tiene que echar el freno una vez más cuando su ex compañera sube y sube en las encuentas. Se hace a un lado. Será Segolene Royal la candidata, presidencial en 2007.

El escándalo de Dominique Strauss-Khan precipitó las cosas el año pasado. El director del Fondo Monetario Internacional y favorito del partido Socialista para las presidenciales es detenido en Nueva York acusado de agresión sexual.

François Hollande aprovecha el momento, es el ganador frente a Martine Aubry en diciembre pasado en las elecciones internas del Partido Socialista. Ahí cierran filas los socialistas detrás de él para plantarle cara a Nicolas Sarkozy.

Hollande sabe lo que le espera de triunfar: “Calculo la tarea que me espera. Es pesada, importante. Tengo que estar a la altura de las esperanzas de los franceses que no pueden más con la política de Nicolas Sarkozy”.

En su programa el candidato del PSF promete la vuelta al equilibrio presupuestario en 2017, veinte mil millones de euros de inversión en cinco años financiados en parte por la reducción de 29 mil millones en los nichos fiscales. El candidato quiere gravar a los ricos y los super ricos y promete una carga fiscal del 75 % para los que tengan beneficios anuales de más de un millón de euros.

Contraproducente, demagógico, la derecha vitupera a Hollande que responde con calma y determinación: “Es un acto de patriotismo aceptar pagar un impuesto suplementario para que el país se levante. Que paguen los que más ganan me parece un buen ejemplo.

Al lado de un Nicolas Sarkozy nervioso, activo en todos los frentes, a Francois Hollande le han reprochado su falta de carisma, su falta de mordiente e incluso una cierta actitud diletante.
Algunos militantes socialistas le definen así: “Valeroso, aglutinador y humano”, “es alguien sencillo, accesible y simpático”. “Sinceridad, compromiso y sencillez”, “un hombre que sabe escuchar, un hombre que busca evitar divisiones, tenemos aquí a un hombre capaz de aglutinar a los franceses en un proyecto colectivo extremadamente difícil en una coyuntura dificíl que es la nuestra”, “tiene aspecto reposado, es inteligente, alguien en quien confiar”, “es moderado, conciliador, presidenciable”.

En resumen, un hombre corriente, como le llama la prensa anglosajona. Pero ¿basta con esto para hacer un presidente? Una vez más es frente a Sarkozy donde se ha forjado y ha cobrado luz propia. Su discurso político con Europa como asunto central le ha dado fuerza: “Europa quiere afianzar los mercados financieros o a sus ciudadanos? Creo que todos los esfuezos deben ir dirigidos a poner en orden las cuentas públicas pero también a permitir que los ciudadanos puedan creer de nuevo en la hermosa idea europea. La deuda es nuestra enemiga porque ha cuestionado el acto de solidaridad intergeneracional; porque hace recaer sobre los jovenes la carga de nuestras negligencias e incurias o de nuestras incapacidades para gestionar nuestras finanzas públicas”.

Hollande ha anunciado que si gana las elecciones renegociará el pacto presupuestario europeo firmado el 2 de marzo. Una promesa que ha chirriado con rumores de un supuesto complot europeo anti-Hollande.

Así lo ha expuesto el candidato socialista: “le pido al pueblo francés que a través de la elección presidencial me confíe la responsabilidad de discutir, modificar, renegociar el tratado para que podamos tener una Europa que combine seriamente a la vez estabilidad y crecimiento. Se me dice ¿pero cómo va a llegar a convencer a sus socios, especialmente a la canciller alemana, cuando el candidato saliente no lo ha logrado? Pues eso es precisamente lo que vamos a cambiar”.

Hollande, el que fuera cordial y confiado, se ha convertido en alguien en guardia y con aristas por mor de la campaña. Incluso sin haber perdido nada de su sentido del humor ha cambiado radicalmente su perfil. El ex líder del partido ha encontrado finalmente la seguridad que le faltaba.
Decidido, pero paciente, Francois Hollande, encara las elecciones con serenidad. Una idea que expone con precisión: “Los que se encrespan, los que se agitan son a menudo los que pierden el norte. Yo ni me inmuto”.