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Barreras invisibles en Europa

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Barreras invisibles en Europa

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Trabajar, vivir y residir en cualquier país de la Unión Europea es un derecho que tienen todos los ciudadanos que posean la nacionalidad de uno de los 27 Estados miembros.

Pero si en teoría hay vía libre, en la práctica la realidad es más complicada. Y los ciudadanos europeos, a veces, desconocen sus derechos y cómo defenderlos en el país de acogida.

Nos vamos a Holanda. Desde 2007 este país abrió sus puertas a los trabajadores de Europa central y del este.

En esta explotación casi todos son polacos, como Martyna Kalvza. Ha venido aquí para ganar dinero y pagarse sus estudios en Polonia: “Quiero estudiar alemán para hacer un máster. Son dos años. Pero no quiero estudiar todos los días sino los fines de semana. En Polonia cuesta muy caro para los que no somos ricos. Así que me he tomado un tiempo y trabajo para ganar dinero”.

Anne Devineaux, euronews: “Aquí en Holanda el sector agrícola es el que más trabajo da a los que vienen de Europa del Este. Como ciudadanos de la Unión Europea, no necesitan permiso de trabajo sino que es suficiente con un pasaporte o el carné de indentidad”.

350.000 europeos del este viven en este país. Con la crisis económica hay más discriminación. Prueba de ello es la página web creada por el partido de extrema derecha PVV liderado por Geert Wilders.

Una formación xenófoba que ha pedido por Internet que se denuncie a los ciudadanos del este que viven en Holanda. Les acusa de quitar el trabajo a los holandeses.

Rob Rombout dirige una empresa especializada en contratar manos de obra procedente del este. Para él esta iniciativa no tiene sentido: “Estoy seguro de que cuando veamos las estadísiticas y los resultados ya están ahí, se demotrará que los polacos no están ocupando los puestos de los holandeses. Esa no es la cuestión. Es al revés. Si todos esos polacos se marchan el día de mañana, la economía holandesa tendría un gran problema. ¿Quién va a trabajar?”.

Algunos inmigrantes europeos se encuentran con verdaderas barreras a la hora de trabajar y residir aquí. En Eindhoven Sonja Driessen dirige este centro de ayuda a inmigrantes. También ha fundado una asociación para defender sus derechos: “La mayoría de los que vienen no hablan holandés y eso es una gran barrera. Luego está la falta de información. Los inmigrantes no suelen conocer sus derechos y sus obligaciones aquí”.

Como la Seguridad Social. Sonja explica el caso de dos polacos: “Uno trabajó durante casi 5 años en Alemania. El otro trabajó 8 meses. Una vez en el paro no encontraron otro trabajo. Se marcharon a Luxemburgo, a Holanda…y ahora son personas sin hogar, no tienen Seguridad Social aquí porque acaban de llegar pero sin embargo han estado cotizando 5 años uno y 8 meses el otro”.

La situación más delicada es la de los rumanos y lo búlgaros. En 2007 entraron en la Unión Europea. Holanda aplica algunas restricciones para ellos, como la necesidad de tener un permiso de trabajo.

“Una empresa solicita un permiso de trabajo donde aparece el nombre del inmigrante. Pero si el contrato termina ese inmigrante no puede ir a otra compañía porque el permiso lo tiene la primera empresa. Esto hace que los inmigrantes sean muy vulnerables. Por eso no pueden salir adelante tan fácilmente y no puede rechazar un trabajo de 80 horas a la semana porque sino, lo puede perder”., explica Sonja Driessen.

Para ella lo más importante es luchar contra los prejuicios: “Queremos que la gente se de cuenta de que los inmigrantes son personas como todo el mundo. Si conseguimos eso podremos cambiar las cosas. Y si miramos de una manera positiva a los imigrantes europeos, estoy convencida de que nos irá mejor. Pero para eso hace falta un poco de tiempo”.

Anne Devineaux, euronews: “12 millones de europeos viven en otro país de la Unión. Es el 2,5% de la población europea. Incluso los ciudadanos mejor informados y formados pueden tener problemas administrativos en su país de acogida”.

Seguridad Social, sanidad, matricular un coche, obtener la residencia de un cónyuge no europeo…son asuntos a menudo difíciles de gestionar de un país a otro.

El Servicio Europeo de Acción Ciudadana (ECAS), en Bruselas, proporciona información y ayuda sobre los derechos de los ciudadanos europeos.

“Las administraciones a las que acuden los ciudadanos para que respondan a sus preguntas no tienen por qué estar informadas ni formadas para responder y no están al tanto de los derechos de los ciudadanos europeos en cuanto a movilidad”, comenta Claire Damilano, consejera jurídica de ECAS.

Claire recibe preguntas desde toda Europa. Según ella parece que los estados ponen cada vez más trabas a los inmigrantes europeos.

“Tenemos la impresión de que las barreras son muy importantes, de que los problemas relacionados con el acceso a derechos sociales son cada vez más complicados. Parece que los estados se están cerrando y crean una gran cantidad de problemas admnistrativos para limitar el acceso a los que vienen de otros países. No hay voluntad política para faciltiar la movilidad. En cualquier caso es lo que percibimos cuando analizamos las preguntas que nos llegan”, declara Claire.

Esta familia reside en Bruselas. El padre tiene doble nacionalidad, británica y recientemente belga. La madre es española. Su primer hijo no nació en Bélgica y tiene dos apellidos. Su segundo hijo nacerá en junio y quieren que también tenga dos apellidos, como su hermano.

“Tenemos tres nacionalidades. Nuestro hijo es español y en España se ponen los dos apellidos, el del padre y el de la madre. Ese es el problema. Hay una ley belga, que es una ley napoleónica, que está ahí y que influye en la legislación belga. Básicamente dice que los niños tienen que llevar el apellido del padre y no hay excepciones”, comenta Dafydd ab Iago.

El último recurso que les queda es un real decreto que les permita incluir los apellidos en el pasaporte belga: “El Tribunal de Justicia de la Unión Europea parece haber sido muy claro al respecto. Es ridículo y es una discriminación que un niño no tenga los mismos apellidos en diferentes países. Esa es una restricción en su derecho a la libre circulación. ¿Cómo van a comprobar que es la misma persona si tiene una pasaporte con distintos apellidos?”, concluye Dafydd ab Iago.

Para muchos la lucha por la defensa de sus derechos en la Unión Europea es todavía un largo camino por recorrer.